Supongamos que vamos a ver a la iglesia
Sant´Agnese en Piazza Navona. Supongamos
que sea la tercera vez que lo hacemos. Lo que siempre nos ha llamado la
atención ha sido la cúpula. El conocimiento previo que tenemos de esa iglesia
lo obtuvimos desde el principio por medio de una guía turística. Así que lo que
hemos visto en las tres ocasiones lo interpretamos a la luz de esa guía.
Podemos disfrutar de esa obra arquitectónica, pero no iremos más allá de
ciertas impresiones y de algunas ideas sueltas. Es cierto que al ir por tercera
vez nos fijamos en detalles que no habíamos visto antes o que no se fijaron en
su momento en la memoria. Porque no todo lo que percibimos lo memorizamos. De
manera que lo que consideramos haber sido visto la tercera vez y le asignamos
el valor de nuevo detalle percibido, a lo mejor lo vimos la primera vez y no
quedó fijado. Supongamos ahora que nos acompaña un experto en arquitectura, en
el barroco romano y especialmente en uno de los arquitectos que diseñaron esa
iglesia: Borromini. La situación cambia de forma radical: ahora cada uno de los
aspectos de la basílica lo entenderemos
por su función y significado, nuestra percepción se profundiza y se ensancha, y
sabremos cosas que no solo están ahí sino también fuera de ahí. ¿Por qué?
Porque el barroco romano no solo es Sant´Agnese sino muchísima otras obras,
porque en lo particular conocemos también el significado general del barroco.
Sabemos que Girolamo y Carlo Rainaldi fueron los
primeros arquitectos que empezaron a hacer esa basílica y que la planta era de
cruz griega. Después dicha obra quedó en manos de Borromini, que tiró la
fachada y la hizo cóncava y realzó el tambor de la cúpula. Por último, la
construcción de la iglesia volvió a manos de Carlo Rainaldi, quien le añadió
otro cuerpo a las torres que flanqueaban la cúpula y acabó con la grandiosidad
de esta. Ahora, cuando veo la iglesia de Sant´Agnese me disgusta sobremanera la
altura de las dos torres que flanquean la cúpula. Siempre habían estado ahí
para mí, siempre habían estado a la misma altura que la cúpula, pero yo no
tenía el juicio estético que tengo ahora y, por consiguiente, tampoco tenía la
sensibilidad estética que tengo ahora. El juicio y el sentimiento estético
sobre las dos torres están en mí, pero no brotaron de la percepción que tenía
yo de la iglesia sino que llegaron a mí por medio de personas expertas. Se
complica la idea de que al volver a ver lo mismo descubrimos cosas nuevas, en
primer lugar, porque no todo lo percibido es memorizado, en segundo lugar,
porque no sabemos cuánto debemos al guía y cuánto a nosotros mismos, y en
tercer lugar, porque muchas de las cosas que aprehendemos no están ahí, en el
objeto de atención presente, sino fuera de ahí.
Hace tres semanas acordé con Ramón y Jerónimo estudiar
uno de los apéndices del tomo III de Las
Teorías de la Plusvalía de Marx, en concreto el titulado Proceso de fosilización de las formas metamorfoseadas
de la plusvalía, que van disociándose cada vez más de su esencia interna, la plusvalía.
En este texto Marx hace una exposición sintética de muchas secciones de El Capital: la circulación del capital,
la reproducción del capital, la ganancia media… Esto es, en pocas frases se
dice lo que se dice en El Capital en
decenas de páginas. Las dificultades para la asimilación adecuada de este texto
por parte de Ramón y Jerónimo me llevaron a proponer que en la siguiente
reunión estudiáramos el capítulo XXI del
libro primero de El Capital titulado Reproducción simple. Esa reunión la
celebramos hace una semana, hicimos un estudio al por menor de una página
durante una hora, y fue al finalizar la reunión cuando Ramón habló de cómo se
descubren siempre cosas nuevas en lo ya visto muchas veces. Esta ha sido la
causa de que expusiera un ejemplo análogo de lo que supone volver a lo mismo
para descubrir cosas nuevas. No voy a repetir las ideas que expuse en relación
con la visita de Sant´Agnese. Voy a añadir otra idea que considero importante.
Tengo por costumbre estudiar al mismo tiempo varias cosas distintas. En la
actualidad estudio una obra de Howard Gardner titulada Inteligencias múltiples. No tiene nada que ver con el estudio de la
reproducción simple. Pero si lo pienso mejor, sí tiene que ver. Quien
actualmente guía el estudio de la reproducción simple y antes el de la
fosilización de las formas metamorfoseadas de la plusvalía soy yo. Y el texto
de Gardner no solo me refresca la mente, sino también me la despierta, me la
aviva, me la tonifica, me la fortalece. Si no estudiara el texto de Gardner, yo
no extraería el rendimiento que extraigo del texto de Marx. Advierto igualmente
que para hacer la reflexión que hice sobre la visita a Sant´Agnese no solo
estuve viendo imágenes de esa basílica y leyendo cosas en internet, también me
adentré en algunos de los capítulos del libro de Anthony Blunt titulado Borromini. Así que cuando se dice que hemos visto cosas
nuevas en lo visto hace tiempo, se piensa que lo nuevo está ahí, en el texto
que se estudia, y no se observa, por una parte, las herramientas que lleva el
guía para extraer lo nuevo, y por otra parte, cuánto del contenido que
designamos como nuevo no está ahí sino que llega ahí por medio del guía.
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