El señor A y la señora B le preguntan al señor C: ¿Por fin irás a vernos en verano a Madrid? El señor C responde: a lo mejor, tal vez, me lo pensaré. Esta respuesta expresa que el señor C es un indeciso. Pero tiene una consecuencia que debería evitarse: Hace que el señor A y la señora B se hagan con la ilusión y la esperanza de que el señor C los visitará en verano, y esa ilusión y esperanza les durará todo el verano; y después, como lo más probable es que el señor C no vaya, el señor A y la señora B en parte se decepcionarán y en parte se frustrarán.
Yo le doy un consejo al
señor C para evitar su carácter indeciso: cuando dude y no esté seguro de lo
que hará, que diga que no. Así, por una parte, triunfará la decisión sobre la indecisión,
y, por otra parte, no decepcionará ni frustrará al otro o a los otros. La
persona de carácter indeciso debe evitar las expresiones “quizás”, “tal vez” y “a
lo mejor”. Debe inclinarse siempre por un “sí” o un “no” rotundo. También debe
evitar la expresión “me lo pensaré”. ¿Por qué? Porque sencillamente demora la
respuesta, y eso acentúa su personalidad indecisa. Así que, o “sí” o “no”.
Habrá casos, cuando son muy complejas las decisiones, cuando dependa de muchas
variables, que pueda decirse “me lo pensaré”. Pero por regla general y en
asuntos que son relativamente sencillos debe inclinar por un sí y un no rotundos, y
nunca demorar la respuesta. Si resulta que después de decir no, llegado el
momento se le apetece ir a Madrid, entonces que cambie el sí por el no. Pero en
este caso también fortalecerá el carácter decidido de su personalidad.
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