Algunos filósofos defienden que el lenguaje modifica el mundo (exterior). Pero esto no es cierto. Con el lenguaje no se modifica el mundo. Con el lenguaje solo se modifica nuestra representación del mundo. Alonso Quijano, transfigurado en Don Quijote de la Mancha, es el paradigma de hasta que punto el lenguaje modifica nuestra representación del mundo, a saber, hasta el punto de percibir unos molinos de viento y representarse unos gigantes. Según Cervantes, Alonso Quijano “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del mucho leer y del poco dormir se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio”. De ahí que la representación que Alonso Quijano extraía de los libros se le impusiera a su percepción del mundo.