(En toda la producción
capitalista la ley general se impone como tendencia predominante solo de un
modo muy complicado y aproximativo, como como una media de oscilaciones perpetuas
que no se puede fijar nunca). Karl Marx. Libro III de El Capital.
Empiezo con esta cita para mostrar que, en el capitalismo y de acuerdo con Marx, nada ocurre de una manera pura, que las leyes generales, entre ellas la ley del valor, solo se imponen como tendencia predominante de un modo complicado y aproximativo, como una media de oscilaciones perpetuas que no se pueden fijar nunca. Llamaré esencialistas, donde debo incluir a muchos marxistas, a aquellas personas que piensan que las cosas en la producción capitalista ocurren de acuerdo con sus esencias y sus conexiones internas, mientras que los economistas convencionales piensan que las cosas en la producción capitalista ocurren en exclusividad de acuerdo con las conexiones externas.
Los dos primeros libros de El Capital están dedicados a mostrar cómo ocurren las cosas en el capitalismo de
acuerdo con las esencias y las conexiones internas, mientras que el libro III
está dedicado a explicar cómo ocurren las cosas en el capitalismo de acuerdo
con las apariencias y las conexiones externas. A este propósito y en ese libro
III de El Capital dice Marx lo siguiente: “Las
configuraciones del capital, tal como se desarrollan en este libro, se van
aproximando gradualmente a la forma en que aparecen sobre la superficie de la
sociedad, en la acción recíproca de los distintos capitales, la competencia, y
en la conciencia habitual de los agentes de la producción”.
Ciertos
marxistas tienden a presentar las esencias y conexiones internas del
capitalismo separadas de sus apariencias y conexiones externas, mientras que
los economistas convencionales solo se centran en explicar las apariencias y
las conexiones externas del capitalismo. En Marx no ocurre esto. Para Marx las
apariencias y las conexiones externas del capitalismo son las manifestaciones
de sus esencias y conexiones internas. El ejemplo más sencillo donde se ve este
postulado epistemológico es en la transformación de la plusvalía en ganancia.
Nos viene aquí a cuenta la idea de Hegel de que la apariencia no es más que la
esencia en otra determinación. Esta idea expresa la unidad indisoluble de
esencia y apariencia.
Valor
y precio
En
el primer libro de El
Capital dice Marx lo siguiente: “En
cuanto la magnitud del valor se transforma en precio, esta relación necesaria aparece
como relación de intercambio de una mercancía con la mercancía dinero existente
fuera de ella. Pero en esta relación también la magnitud del valor puede
expresarse como el más o menos en que se enajena en las circunstancias dadas”.
Hablaba Marx antes de que las tendencias en el capitalismo se manifestaban como
oscilaciones perpetuas que no se podían fijar nunca. Esto ocurre, por ejemplo,
con los precios de los alimentos. Hoy las papas pueden estar a 2,85 euros, y a
la semana pueden estar a 2,70, a la siguiente semana pueden estar a 2,65 euros,
después a 4,05 euros, y así sin parar a lo largo del año. Así que tiene razón Marx:
las oscilaciones de precios no se pueden parar nunca. Los precios se mueven con
respecto al valor unas veces como más y otras como menos. No hablamos aquí de
que las papas se vendan por debajo del valor, sino de que entre el valor y el
precio pueden habar magnitudes muy distintas a lo largo del año.
A continuación
de lo dicho anteriormente, Marx concluye lo siguiente: “Así, pues, la
posibilidad de incongruencia cuantitativa entre precio y magnitud de valor
radica en la misma forma de precio. Este no es ningún defecto de la forma, sino
que, por el contrario, hace de ella la forma adecuada de un modo de producción
en donde la regla solo se puede imponer como ley media y ciega de la
irregularidad”. Es decir, en la vida real, tal y como se manifiestan las cosas
en la superficie de la sociedad capitalista, predomina la irregularidad, el baile
de los precios de los factores de producción y los factores de consumo no cesa,
en algunos casos se acercan al valor y en otros casos se alejan. De ahí que es
propio de la forma de precio la incongruencia cuantitativa entre valor y
precio. Y no es ningún defecto de la forma de precio, sino la forma adecuada en
un modo de producción donde reina la irregularidad.
Si
afirmamos que en la producción capitalista reina la irregularidad, el mejor
ejemplo lo tenemos en el mercado capitalista, que es un desastre, que genera
desigualdad de forma incesante. Eso lo vemos hoy día especialmente en el
mercado de la vivienda. Respecto al mercado capitalista tenemos, por un lado, a
los liberales extremistas, que quieren privatizarlo todo, y tenemos, por otro
lado, a la izquierda reformista y radical y los ordoliberales que quieren un
mercado intervenido por el Estado y regulado.
El
efecto del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo sobre la relación
entre valor y precio
Una
cosa que todos sabemos es que bajo el capitalismo el desarrollo de las fuerzas
productivas no cesa, y esto implica el incremento de la cantidad de unidades
producidas en una determinada jornada laboral. A este respecto en los inicios
del primer libro de El
Capital, dice Marx lo siguiente: “Tras
la introducción del telar a vapor en Inglaterra, por ejemplo, tal vez se
requería la mitad de trabajo que antes para transformar una determinada
cantidad de hilo en tejido. El trabajador manual inglés necesitaba realmente para
esa transformación el mismo tiempo de trabajo que antes; pero el producto de su
hora de trabajo individual no representaba más que media hora de trabajo social
y, por eso, descendía a la mitad de su antiguo valor”. La cuestión está ahora en saber si el
trabajador manual y el empresario que usa el telar a vapor venden su tejido a
la mitad de precio que antes. Les adelanto que no. Las cosas no ocurren de
acuerdo con las esencias, aunque muchos marxistas crean que sí.
En
el libro III de El
Capital, Marx dice lo siguiente: “Exactamente
lo mismo que le ocurre al fabricante que utiliza un nuevo invento antes de que
se generalice, vende más barato que sus competidores y, sin embargo, vende por
encima del valor individual de su mercancía, es decir, valoriza como plustrabajo
la fuerza productiva específicamente superior del trabajo empleado por él.
Realiza así una superganancia”. Es decir, de acuerdo con las conexiones
externas, el fabricante que utiliza un nuevo invento antes de que se generalice,
vende su mercancía por encima de su valor. Como la fuerza productiva del
trabajo no cesa de cambiar año tras año, por una parte, los nuevos inventos
nunca terminan de generalizarse y destruyen capital, y, por otra parte, de
forma también casi constante las mercancías individuales de los fabricantes
dotados de los nuevos inventos venden las mercancías por encima de su valor.
Así que la incongruencia cuantitativa entre valor y precio es casi una
constante y no algo accidental y casual en el modo de producción capitalista.
Precios
de monopolio
En
el libro III de El Capital, dice Marx lo siguiente: “Cuando
hablamos de precio de monopolio, nos referimos generalmente a un precio que se
determina únicamente por el deseo de compra y la solvencia de los compradores,
independientemente del precio determinado por el precio general de producción o
por el valor de los productos. Una viña que produce vino de extraordinaria
calidad, vino que solo puede producirse en una cantidad relativamente pequeña,
produce un precio de monopolio. Debido a este precio de monopolio, cuyo
remanente sobre el valor del producto viene determinado exclusivamente por la
riqueza y la preferencia de los bebedores distinguidos, el cosechero podrá
obtener una plusganancia extraordinaria”. Esto es otro caso de diferencia
cuantitativa entre valor de producción y precio. Lo que hay que observa aquí de
especial es que este precio de monopolio solo puede darse por la existencia de
compradores solventes, esto es, ricos. No todos los precios de monopolio se
explican del mismo modo, pero lo cierto es que la globalización ha creado una
oligarquía de monopolistas que venden sus productos muy por encima del valor de
producción, explotando así a los consumidores. Aquí hay un caso flagrante de
infracción de la ley del valor provocado en última instancia por la propiedad
privada dominante en las hiperempresas.
Los
economistas liberales siempre se han empeñado en demostrar que Marx comete un
error al plantear el predominio de la ley del valor sobre los precios, que los
precios no coinciden con el valor. Pero esto es falso. En parte alguna de El Capital plantea Marx la igualdad de precio y valor, más
bien dice lo contrario. En el tercer libro de El
Capital, dice Marx lo siguiente: “La
hipótesis de que las mercancías de las distintas esferas de producción se
venden por sus valores solo significa, naturalmente, que su valor es el centro
de gravitación en torno al cual giran sus precios y a base del cual se
compensan sus constantes alzas y bajas”. Supongamos que la suma del capital
constante y el capital variable de una mercancía individual sea 100 euros y que
la plusvalía sea 50 euros. Como de acuerdo con Marx son constantes las alzas y
las bajas de los precios con respecto al valor, dicha mercancía se puede vender
a 120, 130, 140, 150, 160 y 170 euros; y siempre realizará una parte de la
plusvalía. A este respecto culmino con una idea de Marx, referida a la caída de
la cuota de ganancia y que es igualmente válida para los precios, contenida en
el libro III: “Así, la ley actúa solamente como tendencia cuyo efecto solo se
manifiesta palmariamente bajo determinadas circunstancias y en el transcurso de
largos periodos”. Hay que subrayar: las leyes capitalistas solo se manifiestan
de acuerdo con sus esencias y contradicciones internas en el transcurso de
largos periodos. Pero el capitalismo es de por sí un sistema lleno de
irregularidades que genera desigualdad, y en el mundo actual en unos niveles
exorbitantes. Por lo tanto, lo normal y común es que los valores y los precios
no coincidan.
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