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lunes, 19 de octubre de 2026

Del valor al precio (de las conexiones internas a las conexiones externas)

 

 

(En toda la producción capitalista la ley general se impone como tendencia predominante solo de un modo muy complicado y aproximativo, como como una media de oscilaciones perpetuas que no se puede fijar nunca). Karl Marx. Libro III de El Capital.

Empiezo con esta cita para mostrar que, en el capitalismo y de acuerdo con Marx, nada ocurre de una manera pura, que las leyes generales, entre ellas la ley del valor, solo se imponen como tendencia predominante de un modo complicado y aproximativo, como una media de oscilaciones perpetuas que no se pueden fijar nunca. Llamaré esencialistas, donde debo incluir a muchos marxistas, a aquellas personas que piensan que las cosas en la producción capitalista ocurren de acuerdo con sus esencias y sus conexiones internas, mientras que los economistas convencionales piensan que las cosas en la producción capitalista ocurren en exclusividad de acuerdo con las conexiones externas.

Los dos primeros libros de El Capital están dedicados a mostrar cómo ocurren las cosas en el capitalismo de acuerdo con las esencias y las conexiones internas, mientras que el libro III está dedicado a explicar cómo ocurren las cosas en el capitalismo de acuerdo con las apariencias y las conexiones externas. A este propósito y en ese libro III de El Capital dice Marx lo siguiente: “Las configuraciones del capital, tal como se desarrollan en este libro, se van aproximando gradualmente a la forma en que aparecen sobre la superficie de la sociedad, en la acción recíproca de los distintos capitales, la competencia, y en la conciencia habitual de los agentes de la producción”.

Ciertos marxistas tienden a presentar las esencias y conexiones internas del capitalismo separadas de sus apariencias y conexiones externas, mientras que los economistas convencionales solo se centran en explicar las apariencias y las conexiones externas del capitalismo. En Marx no ocurre esto. Para Marx las apariencias y las conexiones externas del capitalismo son las manifestaciones de sus esencias y conexiones internas. El ejemplo más sencillo donde se ve este postulado epistemológico es en la transformación de la plusvalía en ganancia. Nos viene aquí a cuenta la idea de Hegel de que la apariencia no es más que la esencia en otra determinación. Esta idea expresa la unidad indisoluble de esencia y apariencia.

Valor y precio

En el primer libro de El Capital dice Marx lo siguiente: “En cuanto la magnitud del valor se transforma en precio, esta relación necesaria aparece como relación de intercambio de una mercancía con la mercancía dinero existente fuera de ella. Pero en esta relación también la magnitud del valor puede expresarse como el más o menos en que se enajena en las circunstancias dadas”. Hablaba Marx antes de que las tendencias en el capitalismo se manifestaban como oscilaciones perpetuas que no se podían fijar nunca. Esto ocurre, por ejemplo, con los precios de los alimentos. Hoy las papas pueden estar a 2,85 euros, y a la semana pueden estar a 2,70, a la siguiente semana pueden estar a 2,65 euros, después a 4,05 euros, y así sin parar a lo largo del año. Así que tiene razón Marx: las oscilaciones de precios no se pueden parar nunca. Los precios se mueven con respecto al valor unas veces como más y otras como menos. No hablamos aquí de que las papas se vendan por debajo del valor, sino de que entre el valor y el precio pueden habar magnitudes muy distintas a lo largo del año.

A continuación de lo dicho anteriormente, Marx concluye lo siguiente: “Así, pues, la posibilidad de incongruencia cuantitativa entre precio y magnitud de valor radica en la misma forma de precio. Este no es ningún defecto de la forma, sino que, por el contrario, hace de ella la forma adecuada de un modo de producción en donde la regla solo se puede imponer como ley media y ciega de la irregularidad”. Es decir, en la vida real, tal y como se manifiestan las cosas en la superficie de la sociedad capitalista, predomina la irregularidad, el baile de los precios de los factores de producción y los factores de consumo no cesa, en algunos casos se acercan al valor y en otros casos se alejan. De ahí que es propio de la forma de precio la incongruencia cuantitativa entre valor y precio. Y no es ningún defecto de la forma de precio, sino la forma adecuada en un modo de producción donde reina la irregularidad.

Si afirmamos que en la producción capitalista reina la irregularidad, el mejor ejemplo lo tenemos en el mercado capitalista, que es un desastre, que genera desigualdad de forma incesante. Eso lo vemos hoy día especialmente en el mercado de la vivienda. Respecto al mercado capitalista tenemos, por un lado, a los liberales extremistas, que quieren privatizarlo todo, y tenemos, por otro lado, a la izquierda reformista y radical y los ordoliberales que quieren un mercado intervenido por el Estado y regulado.

El efecto del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo sobre la relación entre valor y precio

Una cosa que todos sabemos es que bajo el capitalismo el desarrollo de las fuerzas productivas no cesa, y esto implica el incremento de la cantidad de unidades producidas en una determinada jornada laboral. A este respecto en los inicios del primer libro de El Capital, dice Marx lo siguiente: “Tras la introducción del telar a vapor en Inglaterra, por ejemplo, tal vez se requería la mitad de trabajo que antes para transformar una determinada cantidad de hilo en tejido. El trabajador manual inglés necesitaba realmente para esa transformación el mismo tiempo de trabajo que antes; pero el producto de su hora de trabajo individual no representaba más que media hora de trabajo social y, por eso, descendía a la mitad de su antiguo valor”.  La cuestión está ahora en saber si el trabajador manual y el empresario que usa el telar a vapor venden su tejido a la mitad de precio que antes. Les adelanto que no. Las cosas no ocurren de acuerdo con las esencias, aunque muchos marxistas crean que sí.

En el libro III de El Capital, Marx dice lo siguiente: “Exactamente lo mismo que le ocurre al fabricante que utiliza un nuevo invento antes de que se generalice, vende más barato que sus competidores y, sin embargo, vende por encima del valor individual de su mercancía, es decir, valoriza como plustrabajo la fuerza productiva específicamente superior del trabajo empleado por él. Realiza así una superganancia”. Es decir, de acuerdo con las conexiones externas, el fabricante que utiliza un nuevo invento antes de que se generalice, vende su mercancía por encima de su valor. Como la fuerza productiva del trabajo no cesa de cambiar año tras año, por una parte, los nuevos inventos nunca terminan de generalizarse y destruyen capital, y, por otra parte, de forma también casi constante las mercancías individuales de los fabricantes dotados de los nuevos inventos venden las mercancías por encima de su valor. Así que la incongruencia cuantitativa entre valor y precio es casi una constante y no algo accidental y casual en el modo de producción capitalista.

Precios de monopolio

En el libro III de El Capital, dice Marx lo siguiente: “Cuando hablamos de precio de monopolio, nos referimos generalmente a un precio que se determina únicamente por el deseo de compra y la solvencia de los compradores, independientemente del precio determinado por el precio general de producción o por el valor de los productos. Una viña que produce vino de extraordinaria calidad, vino que solo puede producirse en una cantidad relativamente pequeña, produce un precio de monopolio. Debido a este precio de monopolio, cuyo remanente sobre el valor del producto viene determinado exclusivamente por la riqueza y la preferencia de los bebedores distinguidos, el cosechero podrá obtener una plusganancia extraordinaria”. Esto es otro caso de diferencia cuantitativa entre valor de producción y precio. Lo que hay que observa aquí de especial es que este precio de monopolio solo puede darse por la existencia de compradores solventes, esto es, ricos. No todos los precios de monopolio se explican del mismo modo, pero lo cierto es que la globalización ha creado una oligarquía de monopolistas que venden sus productos muy por encima del valor de producción, explotando así a los consumidores. Aquí hay un caso flagrante de infracción de la ley del valor provocado en última instancia por la propiedad privada dominante en las hiperempresas.

Los economistas liberales siempre se han empeñado en demostrar que Marx comete un error al plantear el predominio de la ley del valor sobre los precios, que los precios no coinciden con el valor. Pero esto es falso. En parte alguna de El Capital plantea Marx la igualdad de precio y valor, más bien dice lo contrario. En el tercer libro de El Capital, dice Marx lo siguiente: “La hipótesis de que las mercancías de las distintas esferas de producción se venden por sus valores solo significa, naturalmente, que su valor es el centro de gravitación en torno al cual giran sus precios y a base del cual se compensan sus constantes alzas y bajas”. Supongamos que la suma del capital constante y el capital variable de una mercancía individual sea 100 euros y que la plusvalía sea 50 euros. Como de acuerdo con Marx son constantes las alzas y las bajas de los precios con respecto al valor, dicha mercancía se puede vender a 120, 130, 140, 150, 160 y 170 euros; y siempre realizará una parte de la plusvalía. A este respecto culmino con una idea de Marx, referida a la caída de la cuota de ganancia y que es igualmente válida para los precios, contenida en el libro III: “Así, la ley actúa solamente como tendencia cuyo efecto solo se manifiesta palmariamente bajo determinadas circunstancias y en el transcurso de largos periodos”. Hay que subrayar: las leyes capitalistas solo se manifiestan de acuerdo con sus esencias y contradicciones internas en el transcurso de largos periodos. Pero el capitalismo es de por sí un sistema lleno de irregularidades que genera desigualdad, y en el mundo actual en unos niveles exorbitantes. Por lo tanto, lo normal y común es que los valores y los precios no coincidan.

 

 

 

 

 

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