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viernes, 21 de marzo de 2003

El hombre bomba (aspectos ideológicos)

(Respuesta Rodney Williamson)

Antes que nada quisiera agradecerte la cordialidad con que has criticado mi mensaje. También me ha resultado muy interesante el problema que has planteado, el hecho de que sí  en mi mensaje incurrí en el error de no respetar el discurso de los otros, al suponer un motivo en los musulmanes que no se corresponde con lo que ellos mismos creen. Es una puerta que tú has abierto y que yo quisiera aprovechar para atravesarla y dar unos pasos más allá. Dices en tu mensaje: “las declaraciones de los hombres bombas que he visto u oído dejan claro que se consideran mártires que, lejos de entregarse desesperadamente al “no ser” como tú sugieres, conservan su ser al ir al cielo”.  Sobre la base de esta afirmación tuya haré una serie de planteamientos que paso a detallar.

El hombre bomba

Uno de los generales del ejército irakíe ha dicho por televisión que una de las opciones que tiene su pueblo para defenderse de EE.UU. es producir hombres bombas. Este aviso tiene una clara función semiótica: aterrorizar a los familiares de los soldados estadounidenses, meterles el miedo en el cuerpo.

martes, 21 de enero de 2003

Conceptos y objetos

Una cosa es hablar de conceptos y otra muy distinta es hablar de objetos: cosas, personas o animales. Debatir sobre el ser, el yo, el significado, la sustancia, la esencia, etcétera, es debatir sobre conceptos. Esta es la manera predilecta de hablar de muchísimos filósofos. Y como la mayoría de los conceptos de la Filosofía tienen una historia milenaria, sobre ellos podemos decir infinidad de cosas. El debate se reduce muchas veces a que un filósofo señala un aspecto de un concepto y los otros responden señalando otro aspecto, y así hasta el infinito. Además, este saber se presenta como un saber sobre libros y no como un saber sobre la realidad. Para mí esto es un camino sin salida.

sábado, 20 de julio de 2002

Vivencia y significación

Un león aparece en el campo referencial de un mono. Una vez que el mono percibe al león se pone a saltar, a gesticular, a gritar, al tiempo que huye hacia lo alto de un árbol. El resto de la manada imita al mono que los alertó, saltando, gesticulando,  gritando, y huyendo hacia lo alto de un árbol. No vieron al león pero si vieron y oyeron al mono que los alertó. Analicemos este fenómeno bajo el punto de vista semiológico. En primer lugar, el valor referencial cromático del león ha saltado desde su propio cuerpo a los ojos del mono avizor. El león no es un mero objeto de la percepción del león, sino que esté representa un papel determinado en la vida de aquel: su depredador.

Ser objetivo:manifestación y necesidad

Que el hombre es un ser corpóreo, dotado  de fuerzas naturales, significa que tiene por objeto de su ser, de sus manifestaciones de vida, objetos reales. Sólo sobre objetos reales puede exteriorizar su vida. El hambre es la necesidad objetiva que un cuerpo siente de un objeto existente fuera de él e indispensable para su integración y la manifestación de su ser.  El sol es objeto de la planta, un objeto indispensable para ella, que confirma su vida, como la planta es objeto del sol, como exteriorización de la fuerza solar estimuladora de vida, de la fuerza esencial objetiva del sol. Un ser  que no tiene la naturaleza fuera de sí, no es un ser natural, no participa de la esencia de la naturaleza. Un objeto que no tiene un objeto fuera de sí, no es un ser objetivo. Un ser que no es de por sí objeto para un tercer ser no tiene un ser por objeto, es decir, no se comporta objetivamente, su ser no es un ser objetivo. Un ser no objetivo es un no-ser. Karl Marx, Crítica de la Dialéctica  y de la Filosofía hegeliana

Los símbolos

Iniciaré esta sección exponiendo la definición sobre los símbolos de Hegel en su obra Lecciones sobre Estética. Y a continuación aplicaré y desarrollaré los conceptos suministrados por Hegel en dos casos particulares y en el marco de mi concepción sobre los fenómenos semióticos. En el símbolo hay que distinguir dos aspectos: por un lado, el significado, y por otro lado, la expresión. El significado es una representación, un acto interior, y la expresión es una existencia sensible, un objeto externo. Dentro de los símbolos hay que distinguir dos clases: la primera clase está constituida por aquellos símbolos donde entre el significado y la expresión no hay referencia alguna, mientras que la segunda clase está constituida por aquellos símbolos donde hay referencia mutua entre significado y expresión. Hasta aquí Hegel.

viernes, 21 de junio de 2002

Esperar a un taxi: análisis de su forma semiótica

Estoy en la acera de Pío XII esperando un taxi. Quien observe mi comportamiento sabe que espero un taxi. Que estoy en la acera es un hecho perceptible, representa el significante, que espero un taxi no es perceptible, representa el significado. Estoy al borde la acera, vigilo a los taxis que se aproximan, levanto la mano como señal de parada para un taxi.  Todos estos rasgos perceptibles constituyen el significante del significado: “espera a un taxi”.

Estar al borde la cera y mirar con atención a los coches que vienen son señales de que se está a la espera. Hay un matrimonio delante de mí, a 20 pasos, que tienen ese comportamiento. Podría estar esperando a un familiar o un amigo que viene a recogerlos. ¿Cómo distinguir entonces a estas personas que esperan a un amigo de otras personas que esperan un taxi? Hay un rasgo decisivo: en ningún momento los veremos levantar la mano que señala al taxista que pare. También podemos observar otro rasgo: se echan para atrás en la acera y se apoyan sobre la pared del inmueble. Otro rasgo más puede observarse: pasa un taxi y ellos no levantan la mano de parada.  No a todos los taxis que se aproximan a mi posición le levanto la mano de parada. Si van ocupados, no lo hago. Si el taxi está libre llevará la luz verde encendida y el cartel en el parabrisas que lleva escrito “libre”.

El dinero como expresión de la igualdad

El dinero sigue siendo el rey. Con él se mide el valor económico de todo. Lo hacen los gobiernos  cuando elaboran el presupuesto anual, lo hacen los comercios cuando presentan sus mercancías a los consumidores, y lo hacemos todos cuando elaboramos un inventario de nuestras propiedades.  Simulemos tal inventario. Sobre un folio dibujamos cuatro columnas: en la primera columna anotaremos el nombre del valor de uso o bien inventariado, en la segunda anotaremos el número de unidades, en la tercera el precio por unidad, y en la cuarta columna anotaremos el importe. Una vez hechas todas las anotaciones, hacemos dos operaciones matemáticas: multiplicamos las unidades por sus precios respectivos y sumaremos todos los importes parciales. De este modo en el importe total tendremos expresado  el valor de nuestro patrimonio en términos monetarios.

jueves, 20 de junio de 2002

Los múltiples modos del ser

Todos los documentales realizados sobre la vida animal ponen de manifiesto un hecho fundamental: los animales no cesan de luchar por la obtención de los medios de subsistencia. Hasta la propia procreación se presenta como una lucha por los medios de subsistencia, pues a las crías hay que alimentarlas. Si esto es un hecho clave en la vida animal, también lo será en la vida humana. Pensemos en el guepardo. La mayoría de los seres naturales representa para él  meros objetos externos. Sin embargo, un reducido sector de ellos, como las gacelas, representa medios de subsistencia, y otro sector, como los chacales, representa depredadores de sus crías. Por lo tanto, para el guepardo los objetos del mundo exterior no existen todos bajo la misma forma del ser, sino que unos existen como meros objetos externos, otros como medios de subsistencia y otros como depredadores.

La construcción de un mundo aparente -Semiótica literaria-

Aldonza Lorenzo, una moza labradora, ignoraba que el hidalgo Alonso Quijada le hubiera otorgado otro ser social, ser princesa y gran señora, y otro nombre más sonoro, Dulcinea del Toboso. El pobre rocín, que no era más que piel y huesos, ignoraba igualmente que su amo y señor le hubiera concedido otro ser social, ser un caballo de la entidad histórica de los famosos Babieca y Bucéfalo, y otro nombre más significativo, Rocinante. Quien no ignoraba estas transmutaciones era su autor, el propio Alonso Quijada, que igualmente se otorgó a sí mismo otro ser social, ser famoso caballero andante, y otro nombre más resonante, Don Quijote de la Mancha. En la realidad las cosas no cambiaron: Aldonza Lorenzo siguió siendo una labradora, Rocinante un caballo flaco, y Alonso Quijada un pobre hidalgo. Pero en la cabeza de Alonso Quijada esta realidad sufrió una gran transfiguración, de modo que la moza labradora era una princesa, su pobre rocín un gran caballo, y su humilde persona un famoso caballero. El mundo exterior, el mundo que se le presentaba  a sus sentidos, era una cosa, pero su mundo interior, el mundo que tenía metido en la cabeza, era otra cosa muy distinta. Lo que hacía más aparente la representación interna de Alonso Quijada eran los nombres, Dulcinea del Toboso, Rocinante y Don Quijote de la Mancha, con los que pretendía afianzar en el exterior su disparatada representación interior.