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sábado, 21 de mayo de 2011

El espejo y la manzana

(Le digo entre paréntesis a Carmen que mis trabajos sobre Vygotski y Luria incluyen dos partes, los textos de esos dos autores y mis propias reflexiones filosóficas, que tienen como objetivo buscar fundamentos científicos para la Semiótica. Es decir, sobre esos textos se puede edificar en distintas direcciones. Yo aporto la mía. También le comento que en el plazo de quince días me haré con algunos libros de Jerome Bruner; y que una vez los estudie, haré llegar al foro mis reflexiones)

Este mensaje está dirigido especialmente a Clara, con quien creo mantener algunas posiciones comunes, y versará sobre el pensamiento fenomenológico de Descartes y de Husserl. Les recuerdo lo que decía Clara en uno de sus párrafos: “Ahora dudo de mi propia existencia, lo repito. ¿Escribo, hablo, luego existo?”. Todos sabemos que si ponemos una manzana delante de un espejo, se duplicará el mundo. En vez de una manzana tendremos dos: una fuera del espejo y otra en el espejo. El espejo podemos concebirlo como un ser que sólo tiene ojos, que carece de manos, de olfato, de gusto, de aparato digestivo y de memoria. Vamos a suponer que también tiene conciencia teórica, esto es, palabras con las que reflexionar sobre los problemas del conocimiento. Es así como la mayoría de los filósofos se representan el sujeto de sus discursos.


Inmanencia y trascendencia. ¿Por qué es razonable que el espejo dude de la existencia de la manzana? Porque es trascendente, porque está fuera del espejo. El espejo ve una manzana, pero no puede estar seguro de que en realidad sea una manzana. ¿No podría ser una manzana de plástico, esto es, una manzana con la apariencia cromática de una manzana pero sin cuerpo de manzana? Pues claro que sí. Como el espejo no tiene manos ni boca, no tiene manera de asegurar que la manzana que ve sea una manzana en realidad. Y esta duda es totalmente razonable. Así que a todo lo transcendente, expresándonos en términos de Husserl, hay que ponerle el índice cero. Es decir, el que exista o no exista el objeto de conocimiento no es fundamental en esta reflexión fenomenológica.

Pero el espejo sigue meditando, porque su alma es cartesiana  y no puede evitarlo: si bien es cierto que es razonable dudar de la existencia de la manzana, de lo que no debo dudar es  que veo una manzana. Es decir, el ver, la cogitatio, es un dato absoluto, un dato del que estoy seguro de su existencia. ¿Y por qué estoy seguro de su existencia? Porque se da en mi, porque es inmanente a mi conciencia. Concluyamos: de la manzana puedo dudar de que exista porque es trascendente a mi conciencia, mientras que del ver la manzana no debo dudar porque es inmanente a mi conciencia.

Dos clases de inmanencia: la inmanencia en el sentido de ingrediente real y la inmanencia en el sentido de darse la cosa misma. Al separar la percepción del objeto percibido, me quedo con la percepción. Pero al analizar la percepción veo que también está incluida la referencia al objeto percibido. Todo lo que podamos incluir en la vivencia psicológica de ver una manzana, son ingredientes reales del espejo, es un hecho vivido y sentido por el espejo. Podemos afirmar que el cristal y su recubrimiento reflectante, la plata, son ingredientes reales del espejo.  Este es el primer sentido del concepto de inmanencia, el sentido de ingrediente real. Veamos ahora el segundo sentido. En el espejo aparece una manzana, se da una manzana, pero no existe una manzana en el espejo. La prueba es muy sencilla: la manzana del espejo no se puede comer. No hay manera de hallar en el espejo una manzana como ingrediente real del espejo. Sin embargo, aparece una manzana,  nosotros la vemos y es una absoluta evidencia. Este es el segundo sentido del concepto de inmanencia, el sentido de darse la cosa misma. En el espejo se da la manzana, aparece la manzana, pero no existe una manzana.

Estas reflexiones me han servido para elaborar el concepto de modo de expresión,  que a mi juicio constituye la primera de las funciones semióticas. Tan primera que no debemos suponer la existencia del ser humano para que se dé. ¿En que se diferencia la manzana que está fuera del espejo de la manzana que está en el espejo?  La manzana que está fuera del espejo tiene cuerpo de manzana, mientras que la manzana que está en el espejo tiene cuerpo de cristal. ¿Y en qué se parecen ambas manzanas? En que tienen el mismo valor aparente o el mismo valor referencial cromático. Así que por modo de expresión entiendo lo siguiente: cuando un mismo valor referencial, la apariencia de manzana, existe en dos cuerpos distintos, en el suyo propio y en uno ajeno. Si lo expresara de forma fenomenológica, esto es, concibiendo la sustancia como sujeto, diría lo siguiente: el valor aparente manzana ha cambiado su propio cuerpo por un cuerpo ajeno, y de ser una manzana real ha pasado a ser una manzana de cristal. Por hoy creo que es suficiente.

22 de enero de 2004.




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