Un amigo me dijo que el querer sin motivación no es posible. Pero se quedó ahí: en lo particular. ¿Qué consecuencias tiene quedarse en lo particular? En principio tiene tres consecuencias: primera, quedarse en un mundo pequeño, segunda, escaso o nulo desarrollo del conocimiento, y, tercero, atar la motivación solo con el querer. Otro amigo le aconsejó lo siguiente: lo que debes hacer es elevar esa experiencia a lo universal. Pero aquí hay un problema; si no conoces lo universal, ¿cómo puedes elevar la experiencia particular a un saber universal? De ningún modo.
Así que yo le aconsejé lo
siguiente: abandona la experiencia particular y ponte a estudiar lo universal,
esto es, ponte a estudiar qué es la motivación y que papel desempeña en la
vida. En primer lugar, debes observar que la motivación no solo está vinculada
con el querer, sino con todos los sentimientos; y no solo con los sentimientos,
sino también con el pensamiento y con lo que es más decisivo: con las acciones.
Cuando se puso a estudiar
las motivaciones, observó varias cosas: una, que las motivaciones están vinculadas
con los objetivos; si no te trazas objetivos, no podrás estar motivado. Dos,
que los objetivos que te marques deben ser adecuados a tus capacidades. Y tres,
que los objetivos no se logran en el primer intento, sino que debes perseverar
y tener una firme determinación. Y el mayor error que se comete si queremos que
la motivación sea fuerte y duradera: no abandonar con la primera derrota. Hay
muchos más aspectos a tener en cuenta en el estudio de la motivación. En la
actividad empresarial y de trabajo la motivación es decisiva, como también es decisiva
rodearse de las personas adecuadas. Se cometen muchos errores al rodearse de
las personas no adecuadas. Y solos nunca
podremos con nada. Nadie debe esperar que una persona esté motivada con un
objetivo, si esa persona no está interesada por ese objetivo. Ya que, si no hay
intereses, no hay voluntad de poder. Tampoco se pueden lograr los objetivos si
las personas que tienen que lograrlo carecen de entusiasmo e ilusión con el
mundo que han de crear, y así muchas cosas más.
Supongamos ahora que mi
amigo se ha pertrechado de conocimientos universales sobre la motivación. Ahora
en ese momento, puede volver a su experiencia particular y podrá analizarla,
profundizarla y conocer sus límites. De manera que no se trata de elevar lo
particular a lo universal, sino de abandonar primero la experiencia particular,
después de pertrecharse con conocimientos universales y, por último, ir en
socorro de lo particular. Este es el verdadero movimiento del saber y el secreto
de las acciones con éxito. (Lo universal lo entendemos aquí como totalidad compuesta de muchas determinaciones y relaciones).
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