Los comunistas, por regla general, han simplificado las relaciones entre los partidos políticos y las clases sociales. Se plantean las cosas así: por un lado, está el partido capitalista que representa a la clase capitalista, y por otro lado, está el partido comunista que representa a la clase obrera. Si las cosas fueran así de fácil y de transparentes, mañana mismo, al ser la clase obrera la mayoritaria, los partidos comunistas y partidos obreros en general ganarían las elecciones en toda Europa y en Estados Unidos. Por el contrario, la burguesía presenta a los partidos políticos como representantes de los intereses de los ciudadanos, no de las clases sociales, y la única diferencia que establece entre ellos es de tipo ideológico. Así que el error en torno a la relación entre partidos y clases se reparte entre la izquierda y la derecha, la primera por simplificar la igualdad entre los partidos y las clases, y la segunda, por reducir las diferencias de clase a diferencias ideológicas y por presentar la sociedad, no como una sociedad dividida en clases, sino como un conjunto de ciudadanos.
¡Aviso importante! Hasta ahora cuando se pinchaba en las etiquetas no aparecían todos los trabajos publicados bajo dicha etiqueta. Ahora hay paginación y se puede acceder a todos los trabajos publicados. Otra cuestión: Soy Ingeniero Técnico y Licenciado en Filosofía, pero de forma general me considero un Investigador Independiente.
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viernes, 27 de mayo de 2011
Mundo objetivo o los nombres de conjuntos vacíos (Jürgen Habermas)
Dice Habermas en la página 149 de su libro Verdad y Justificación lo siguiente: “A esta universalidad de la validez de la verdad le corresponde, por el lado de la referencia, la suposición de que el mundo es uno y el mismo para todos, con independencia de la perspectiva desde la cual nos refiramos a algo en él”. Y en la página 155 dice esto otro: “Por tanto, también después del giro lingüístico la afección de los sentidos y el éxito de la acción equivalen a los dos medios a partir de los cuales se nos imponen las limitaciones de un mundo objetivo que suponemos independiente e idéntico para todos”. Fijémonos en las ideas centrales de estas dos citas: una, suponemos que el mundo es uno y el mismo, y dos, suponemos que el mundo objetivo es independiente de nuestra conciencia. El error de Habermas, como el de muchos pensadores modernos, estriba, por una parte, en no ilustrar con ejemplos particulares los conceptos que defienden y en descuidar por completo el análisis de lo elemental, y por otra parte, en formular los juicios no como expresión de un momento de un concepto que tiene más desarrollo, sino como expresión de una idea fija, inamovible, muerta. Con estos pensadores, aquejados como están de Lógica Formal, los conceptos se presentan como si tuvieran un solo aspecto, un solo lado, un solo momento. Sólo por reacción dialéctica podemos formalmente defender las ideas contrarias a las planteadas por Habermas: una, suponemos un mundo múltiple y cambiante, y dos, el mundo objetivo no es independiente de la conciencia.
sábado, 21 de mayo de 2011
El éxtasis óntico
En la religión india, en la emparentada con Buda, la meta del hombre es conquistar el estado de Nirvana. Para lograr este estado es necesario adoptar una postura inmóvil y concentrarse para no sentir nada, no desear nada, no pensar en nada y no querer nada. Por lo tanto, la meta del hombre es el no ser, la nada. En esta concepción religiosa todo proviene de la nada y retorna a la nada. Esta forma de unirse a la naturaleza, negando la particularidad, disolviéndose en la naturaleza, negando todo movimiento, es una forma negativa de unirse a la naturaleza. Se trata de que la particularidad, esto es, todas nuestras particularidades, se disuelvan en la vacía abstracción, en la nada. Esta filosofía es contraria a la de los espíritus inquietos, activos, transformadores, agitadores.
El espejo y yo
Los artistas prefieren los objetos sensibles frente a los objetos conceptuales. La razón estriba en que los primeros pueden verse, oírse y tocarse, mientras que los segundos sólo pueden pensarse. Pero los artistas no se interesan por los objetos sensibles como lo hacen los hombres prácticos, ajenos a consideraciones transcendentales, sino que en ellos buscan la belleza de sus formas y sus profundos significados humanos. En este sentido están más cerca de los filósofos, que captan lo profundo del mundo mediante el concepto, que del hombre práctico, que se contenta con el aspecto exterior y superficial de las cosas. Las seis meditaciones que hoy entrego a la inteligencia del lector están dirigidas especialmente a los artistas, para que observen cómo en un hecho tan sencillo y universal, la relación de nuestro yo con el espejo, se esconden secretos conceptuales maravillosamente dialécticos.
El espejo y la manzana
(Le digo entre paréntesis a Carmen que mis trabajos sobre Vygotski y Luria incluyen dos partes, los textos de esos dos autores y mis propias reflexiones filosóficas, que tienen como objetivo buscar fundamentos científicos para la Semiótica. Es decir, sobre esos textos se puede edificar en distintas direcciones. Yo aporto la mía. También le comento que en el plazo de quince días me haré con algunos libros de Jerome Bruner; y que una vez los estudie, haré llegar al foro mis reflexiones)
Este mensaje está dirigido especialmente a Clara, con quien creo mantener algunas posiciones comunes, y versará sobre el pensamiento fenomenológico de Descartes y de Husserl. Les recuerdo lo que decía Clara en uno de sus párrafos: “Ahora dudo de mi propia existencia, lo repito. ¿Escribo, hablo, luego existo?”. Todos sabemos que si ponemos una manzana delante de un espejo, se duplicará el mundo. En vez de una manzana tendremos dos: una fuera del espejo y otra en el espejo. El espejo podemos concebirlo como un ser que sólo tiene ojos, que carece de manos, de olfato, de gusto, de aparato digestivo y de memoria. Vamos a suponer que también tiene conciencia teórica, esto es, palabras con las que reflexionar sobre los problemas del conocimiento. Es así como la mayoría de los filósofos se representan el sujeto de sus discursos.
Semiología del mundo animal - La serpiente cola de lombriz
El mundo animal está lleno de maravillosos fenómenos semiológicos dignos de estudio y de análisis. La ventaja de estos análisis estriba en que estos fenómenos semiológicos son miles de veces más sencillos que los que podemos encontrar en el mundo humano, circunstancia que nos permite elaborar los primeros conceptos de la Semiología con relativa claridad y precisión. Hoy nos centraremos en la semiología vinculada a la vida de la serpiente cola de lombriz, una serpiente que se ayuda de la apariencia de su cola para cazar ranas.
Construcción de sentido
‘Construcción de sentido’ es una categoría que he visto circular mucho en este foro, pero no tengo una idea clara de lo que se entiende por ella. He estado estudiando un texto de Carlos Corrales, que encontré en internet, que trata sobre la construcción de sentido. Y he sacado en claro lo siguiente: es una categoría que al abarcar tantas cosas distintas y dispares carece de unidad conceptual. Siempre he prestado atención al supuesto rigor de la Semiótica, sobre el que incide muy especialmente Magariños. Pues bien, donde el rigor se hace manifiesto, entre otras cosas, es en la unidad de los conceptos que empleamos. Así que aquí hay mucho por hacer todavía, o así lo creo yo. Quisiera con la reflexión de hoy estimular a los miembros de este foro a la participación en este debate, y así aumentar el Glosario que hace ya más de un año iniciamos no sin cierta agitación de ánimos. Esto último será así, si lo tiene a bien Magariños, y si en verdad resulta.
viernes, 20 de mayo de 2011
Órganos de los sentidos (Alusión a Alonso Quijana)
Alonso Quijada, un pobre hidalgo de la Mancha, a una edad avanzada abandonó su práctica social, la cacería y la administración de la hacienda, y se encerró en un cuarto a leer fantásticos libros de caballería. Leía día y noche. Se olvidaba hasta de comer. Tal fue el afán que le entró por la lectura. Por sus ojos dejaron de entrar los objetos del mundo exterior, fundamentalmente aquellos con los que contactaba en sus actividades prácticas, y empezaron a entrar sólo signos lingüísticos. Con estos signos lingüísticos, y ayudado por alguna que otra ilustración, se representaba las fantásticas historias de Palmerín de Inglaterra, de Amadis de Gaula, de Bernardo del Caspio y de un sinfín de famosos caballeros. Se imaginaba un mundo lleno de gigantes, de sabios encantadores y de princesas cautivas, que él consideraba tan real como su pobre existencia. En suma, se asentó en su cabeza un mundo fantástico, un mundo inexistente, un mundo irreal; aunque un mundo a fin de cuentas. Este mundo inexistente era tan poderoso, tan cuantioso y absorbente, que terminó por someter la primacía de los órganos de los sentidos en el conocimiento del mundo a la tiranía de la representación fantástica. Hasta tal punto llegó la enajenación de su mundo interior respecto de su mundo exterior, su mundo formado a partir de signos lingüísticos frente al mundo formado a partir de los órganos de los sentidos, que se le aparecía un molino de viento y él se lo representaba como un gigante; se le aparecían una venta y dos prostitutas a su puerta, y él se los representaba como un castillo donde se solazaban dos grandes damas. Todo el mundo exterior que entraba por sus sentidos se transformaba en un mundo fantástico cuando llegaba a su cerebro. Su representación transfiguraba su percepción.
martes, 17 de mayo de 2011
La inmortalidad y la perfección
Creo que fue el señor X quien me preguntó sobre el origen de cierta categoría en el ámbito de la religión. No recuerdo si fue sobre la categoría ‘perfección’. Pero como quiera que sea, he considerado oportuno transcribirles un pequeño fragmento de Filosofía de la Historia de Inmanuel Kant, donde las categorías ‘inmortalidad’ y ‘perfección’ adquieren un contenido netamente antropológico; y de ese modo se las restamos al más allá y al ser absoluto que lo gobierna.
El hombre como fin de la naturaleza
Les decía el otro día que el deísmo puede ser considerado como un proceso de transición ideológica entre el teísmo, en especial el teísmo cristiano, y el ateísmo. Pero en todo periodo de transición se puede ir hacia delante o hacia atrás. A veces pensamos que el desarrollo de la ciencia y sus victorias nos empujará de forma ineluctable hacia el ateísmo, pero después no sucede así. Parece que la lucha que libran los religiosos y los ateos no sólo es una cuestión de razón, sino también y más fundamentalmente de las condiciones de la vida. Mientras sobre la faz de la tierra siga reinando la pobreza, la enfermedad y las guerras, la necesidad de la religión estará presente y su existencia será inevitable.
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