Llevo 50 años formando mi conciencia teórica con los grandes héroes de la razón pensante: filósofos, científicos y literatos. Soy un lector preferentemente de los grandes clásicos. No obstante, también leo autores de segundo orden. En la actualidad estoy estudiando un total de once libros de autores liberales, muy críticos con el sistema capitalista actual, con el fin de conocer el mundo capitalista de la era de la globalización, de la informática y del comercio electrónico. Pretendo vincular el capitalismo actual con las esencias conceptuales de Marx. Lo pretendo; cosa distinta es que lo logre.
Cuando leo un nuevo libro
o veo una serie en el televisor, dejo la mente en blanco. Permito que todo
entre en mi cerebro como Pedro por su casa. No presento de entrada obstáculos ni
filtros. Sencillamente quiero saber cómo piensa el otro o cómo construye una
película el otro. Dejo que el otro mande en mi mente. Ya después, una vez que
conozco cómo piensa el otro, inicio mi etapa crítica. Muchas veces los
elementos de la crítica los encuentro en el otro, lo único que cambio son los
conceptos con que se representan los hechos. Pero agradezco al otro lo que me
da y lo que yo no sé. Mi ideología de izquierda nunca es un obstáculo para el
discurrir y razonar del otro. Este modo de ser lo vengo cultivando desde los 24
años. Anteriormente era más sectario y me costaba horrores aceptar el camino
mental del otro.
Tengo, por el contrario,
algunos compañeros de lucha que son de mente cerrada. Su sensibilidad y su
mente, su sistema conceptual formado a lo largo de los años, les impide que el
pensamiento, la percepción y la representación del otro entren en su mente.
Niegan al otro y rechazan al otro. No quieren que el otro esté en su mente. Su
sistema conceptual está repleto de puertas y ventanas cerradas que impiden que
el otro entre en su cerebro y en su corazón. Les resulta prácticamente
imposible poner su mente a cero para que el otro le llegue.
Les pongo un ejemplo. A
mí me gusta todo. Todo me atrae. El otro día estaba viendo una película sobre
la que cualquier intelectual o persona madura afirmaría que es una película “mala”.
Era una película apropiada para niños y niñas de 12 años. Mi pareja me dice: No
entiendo cómo puedes ver esa clase de películas. Sin embargo, con mi hija si
suelo ver esta clase de películas y nos reímos mucho. Les narro la parte de la
película que vi. Un hombre llamado Johny, de unos cuarenta años, alto, fuerte y
bien vestido, con un pelo negro, cargado y de forma rectangular, de aspecto
decidido y rostro inexpresivo, entra en un edificio parecido al Panteón de
Roma. Se dirige al fondo donde en un sofá circular hay ocho mujeres jóvenes muy
estéticas. Un guardia de seguridad le impide el paso. Al momento una de ellas,
Mary, que estaba situada en el centro del sofá sale al encuentro de Johny y se
pone a bailar con él. Al instante ella le quita el revólver y Johny se ve
rodeado por una veintena de hombres que le apuntan con escopetas. Como Johny es
el muchacho de la película, sé que va salir airoso de esa encrucijada. De repente
desde la cúpula cae de forma copiosa vapor o humo y todo se vuelve invisible.
Se oye una descarga de disparos. Pero al instante se ve salir por una puerta
lateral a Johny con el mismo aspecto que había entrado, impertérrito y sin
rasguño alguno.
Después se ve a Mary
coger una moto y huir del lugar. Johny la persigue con un coche. Es toda una persecución
entretenida. En un momento se ve el coche de Johny circular por las azoteas de
una calle estrecha y con las ruedas apoyadas en los muros de los inmuebles.
Cuando ya parece que va a darle alcance, Mary se escapa. Entonces Johny llama a
su compañero de armas Marlon, que en ese momento estaba desayunando en una terraza.
Johny le dice a Marlon que Mary va en su dirección y que debe capturarla.
Marlon tiene el mismo look que Johny. Ve llegar a lo lejos a Mary en su moto.
Cuando está a su altura la coge por el cuello de su chaqueta y la captura.
Después se ven a los tres hablando. Tienen conocimiento de que los tres trabajan
para la misma persona y comprenden que el jefe máximo ha ideado matar a Johny.
No sabemos por qué. Al instante Mary saca una pomada de su bolsillo, se pone
una línea en su mano y le pasa la lengua. Mary cae desplomada y muere. Johny y
Marlon saben que ahora están guerra con su supuesto jefe. A partir de ahí dejé
de ver la película.
Que aspectos caben
destacar en esta “mala” película. La contradicción entre fantasía y realidad,
entre lo posible y lo imposible, permanecer imperturbable ante enormes
adversidades, la acción por encima de todo, y las armas de fuego y la muerte
como un hecho natural. Se pueden destacar más aspectos, pero con los dichos
basta para el propósito que persigo.
Se trata de que la persona
de mente abierta tienen las ventanas y puertas de su sistema conceptual abiertas
y los pasillos del cerebro libres de obstáculo para que el otro, el que narra
una historia o elabora una concepción del mundo, pueda moverse libremente.
Mientras que la persona de mente cerrada, todo lo que viene del exterior y no
cuadra con su sistema conceptual rebota y cae fuera de sí mismo sin utilidad
alguna. En las personas de pensamiento cerrado hay un inconsciente desprecio de
todo aquello que no cuada con su mente, ideología, gusto y preferencias.
Así que tú eliges: mente
abierta o mente cerrada.
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