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viernes, 20 de febrero de 2026

El lenguaje modifica nuestra representación del mundo

 

Algunos filósofos defienden que el lenguaje modifica el mundo (exterior). Pero esto no es cierto. Con el lenguaje no se modifica el mundo. Con el lenguaje solo se modifica nuestra representación del mundo. Alonso Quijano, transfigurado en Don Quijote de la Mancha, es el paradigma de hasta que punto el lenguaje modifica nuestra representación del mundo, a saber, hasta el punto de percibir unos molinos de viento y representarse unos gigantes. Según Cervantes, Alonso Quijano “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del mucho leer y del poco dormir se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio”. De ahí que la representación que Alonso Quijano extraía de los libros se le impusiera a su percepción del mundo.

Usando el lenguaje, formulamos la siguiente descripción: una joven, delgada y atlética, corre por el campo. En la realidad la mujer joven, su delgadez, su cuerpo atlético, su acto de correr, y el campo por el que corre se dan de forma simultánea. Sin embargo, el lenguaje transforma todos estos aspectos que en la realidad se dan de forma simultánea en aspectos sucesivos: primero decimos “una joven”, después “delgada”, a continuación “atlética”, luego decimos “corre”, y, por último, decimos “el campo”. Además, el lenguaje disocia el sustantivo de sus cualidades, de sus acciones y del lugar en el que transcurre sus acciones.

A la hora de escribir, ya seas un pensador o un literato, yo te aconsejo que le des todo el poder representativo al sustantivo y, después, al verbo. Los adjetivos y adverbios deben ir en segundo lugar. No te centres en los adjetivos y los adverbios. En el sustantivo, como partes de él, están todos sus adjetivos, todas sus acciones y todos sus adverbios. Si te quedas con el sustantivo como centro, te quedas con la totalidad; mientras que, si te quedas con los adjetivos o con los adverbios, te quedas solo con partes del sustantivo, y, por consiguiente, tu pensamiento no estará centrado ni captará el conjunto de aquello a lo que tu pensamiento apunta. Yo leo así: centrándome antes que nada en el sustantivo, teniendo en cuenta que los adjetivos no debo separarlos del sustantivo, así como tampoco separo los adverbios de las acciones del sustantivo. Y las acciones son siempre las acciones del sustantivo. Gráficamente es como si los adjetivos, adverbios y complementos fueran flechas que terminan clavadas e integradas en el sustantivo. Así que nuestra mente discursiva debe girar en torno al sustantivo; y concedámosle entonces, a esa maravillosa y prodigiosa forma gramatical, todo el poder representativo o la parte central y principal del poder representativo.

 

 

 

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