martes, 22 de mayo de 2001

Reflexiones sobre semiótica



                                                          INTRODUCCIÓN

La Semiótica se define como la ciencia general de los signos. Pero cuando se habla de signos, se habla preferentemente de signos lingüísticos. Y cuando se habla de signos no lingüísticos, como las señales de tráfico, se sabe que el aprendizaje de esa clase de signos no es posible sin la participación de los signos lingüísticos. Por lo tanto, la Semiótica no es una ciencia distinta de la Lingüística. Si en el terreno de las definiciones generales la Semiótica se presenta como una ciencia carente de fundamentos propios, en el terreno de los conceptos la situación es aún peor. Todo el mundo admite que la palabra es un signo compuesto de dos partes. Los gramáticos medievales llamaron forma y concepto a esas dos partes. Saussure, por su parte, las llamó de varios modos: imagen acústica y concepto, significante y significado, y signo e idea. Hjelmslev las llamó expresión y contenido; John Lyon, forma y significado; Ogden y Richards, símbolo y referencia; Ullman, nombre y sentido,... Esta proliferación tan variada de términos para catalogar a las dos partes del signo pone de manifiesto que la Semiótica carece de una representación rigurosa y fiable de su objeto. Pero esta anarquía categorial no sólo alcanza a la representación de las dos partes del signo, sino también a la representación de sus relaciones mutuas. Se habla de asociación entre imagen acústica y concepto, del significante como expresión del significado, del pensamiento que se fija a una idea, del nombre que simboliza el sentido, del símbolo que se refiere al referente por medio del concepto. Es evidente que una ciencia no puede fundamentarse  sobre representaciones tan confusas y conceptos carentes de definición rigurosa.

El tiempo y la eternidad

Un buen escritor debe manejar con maestría el medio de expresión específico de su profesión: el léxico y la sintaxis de su lengua materna. Pero eso no es todo: es básico, además,  haber sentido y pensado con profundidad lo que en un poema o en prosa quiere expresar. Si queremos hablar del tiempo, del devenir, de la muerte, de la eternidad, tema que es recurrente entre los poetas, debemos hacerlo después de haberlo sentido y pensado muy a fondo. Si no lo hacemos así, por mucho que manejemos el léxico y la sintaxis del español, nuestra prosa o poema será de una entidad muy superficial.  A eso nos ayudará la lección de hoy, a pensar el tiempo con profundidad, mientras que lo de sentirlo  irá por la cuenta de cada cual.

lunes, 21 de mayo de 2001

Crítica a Karl Popper -La hisotoria no tiene sentido-

Dice Popper: “La historia no tiene sentido, ésa es mi tesis”. La historia a secas, la historia  sin más, no es más que un nombre. Y nada sé de una cosa si sólo sé su nombre. Lo que sé de una cosa lo sé por el predicado. Pero si lo que se  predica de la cosa es que no tiene sentido,  se esté predicando lo que no tiene la cosa y no lo que tiene. De manera que con la tesis de Popper nada sabemos mediante el sujeto y nada sabemos mediante el predicado. Lo cierto es que la historia es siempre la historia de alguien o de algo: de un pueblo, de un  estado, de una clase. La historia no es sujeto sino lo que hace un sujeto. Por lo tanto, la tesis de Popper no es más que un pensamiento vacío.