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martes, 2 de agosto de 2011

Reflexiones sobre el ser, la realización y la negación

Respondo a las objeciones del señor X.  Primera cuestión: Le aconsejé al señor X sobre la conveniencia de recurrir a los ejemplos particulares  con el fin de asimilar de forma más plena los conceptos. La objeción que me plantea el señor X es que este procedimiento se puede volver interminable y puede generar confusión. Segunda cuestión: Dice el señor X que está empezando a pensar que la realización tiene que ver con el fin que tienen los objetos, pero añade que esto resulta muy problemático si se piensa en el fin de una piedra, de una planta o del universo.  Y tercera cuestión: afirma el señor X en que sigue sin entender la negación en su sentido práctico y mi afirmación de que el ser se realiza en su negación.


Primera cuestión. Los ejemplos particulares que sirven para ilustrar un concepto no se escogen de forma arbitraria y deben ser siempre presentados en una determinada forma conceptual. Al hablar de una piedra y de una planta incurre en esos dos errores: uno, en la arbitrariedad, y dos, carecen de forma conceptual. Cuando  hablé de que los valores de uso se realizan en el consumo,  estoy hablando en una determinada esfera del saber, la economía, y estoy presentando un objeto bajo una determinada forma conceptual: los valores de uso. Recuerdo incluso que definí lo que era un valor de uso: una cosa que por sus propiedades puede ser útil en diversos sentidos. Hoy enriquezco este concepto: los valores de uso son obra del trabajo útil. Añado una determinación más. En la explicación del proceso de trabajo dice Marx: Su producto es un valor de uso, un material natural adaptado a las necesidades humanas mediante un cambio de forma. Así que la piedra no vale como ejemplo de valor de uso, pues no ha sufrido modificación mediante el trabajo, sí así el hacha, por ejemplo. Tampoco la planta, sí así el trigo, fruto del trabajo del agricultor, otro ejemplo.

Los ejemplos deben ser escogidos, además, de tal modo que se adecuen lo mejor posible al concepto. Pongamos un ejemplo. Dado el concepto de tiempo se trata de escoger el ejemplo que mejor lo exprese. Se podría escoger una montaña como ejemplo de la existencia  temporal, pero no sería el más adecuado, tendríamos que esperar decenas de miles de años para apreciar cambios importantes de forma en la montaña. ¿Saben cual es el ejemplo particular que escoge Hegel? El sonido. El sonido nace y al instante muere. Lleva en su esencia el no ser. Aquí hay plena adecuación entre el concepto y el ejemplo. ¿Saben cuál es el ejemplo que prefería Borges? El río. Su esencia es el continuo movimiento: nadie se baña en el mismo río dos veces seguidas.


Segunda cuestión. Confunde el señor X el concepto de fin con el concepto de función. Cuando hablamos del uso de una cosa, hablamos de su función y no de su fin. El fin es un concepto que tiene mejor aplicación a un proceso o movimiento, donde hablamos del inicio  y del fin del movimiento de una cosa.  Hablar del fin de una piedra, de una planta o del universo es un juicio que  tiene un formato religioso.  De todos modos es necesario, como dije antes, saber en qué esfera de saber nos estamos moviendo. Unos conceptos se buscan a otros o unos conceptos reclaman de otros para su fundamentación o aclaración,  con los que comparten congruencia material.  Y los conceptos que comparten congruencia material son los que pertenecen a la misma esfera de saber. Creo que el señor X espera siempre definiciones acabadas y cerradas, no movimientos de apertura y de averiguación en la comprensión de las cosas y procesos del mundo.

Tercera cuestión. Voy a transcribirles dos citas de Hegel extraídas de Lecciones sobre la historia de la filosofía. Busco como siempre enriquecer el debate, que nos hagamos con un pensamiento más plástico, que ampliemos de continuo nuestra mente. Primera cita:  En el apartado “Aparición histórica de la necesidad espiritual de filosofar”, Hegel se expresa en estos términos: “Esta actividad encierra el momento esencial de una negación, en cuanto que producir es, al mismo tiempo, aniquilar, pues la filosofía, para poder producirse, tiene como punto de partida lo natural, de lo que arranca para superarlo”. Tiene una fuerza y una verdad enormes la idea de que producir es aniquilar. Siempre que se produce algo, hay otras cosas que se aniquilan, que se destruyen, que se niegan. Dejo al lector que busque sus propios ejemplos. No todo el trabajo debo hacerlo yo. Segunda cita: En el capítulo dedicado a Heráclito, Hegel se expresa en estos términos: “El fuego es el tiempo físico, la movilidad absoluta, la disolución absoluta de lo existente: la destrucción de lo otro, pero también de sí mismo”.  Sin duda que son maravillosas estas palabras de Hegel explicando el pensamiento de Heráclito. Y muy dialéctico lo que se dice del fuego: destrucción de lo otro pero también de sí mismo.  Los fósforos o cerillas se usan para encender, por ejemplo, un cigarro. El fósforo se realiza, cumple la función para el que fue hecho, cuando se usa, cuando se enciende, pero cuando se enciende al cabo de un tiempo se apaga, deja de ser fósforo, ha muerto como fósforo. Su realización como fósforo es su negación.

(Quienes quieran ampliar las ideas sobre esta temática pueden leer en mi blog bajo la etiqueta Filosofía de Marx  estos dos trabajos: Realización y negación (Hegel por medio de Marx)  y Ser, realización y negación.







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