viernes, 15 de marzo de 2013

Una lección de dialéctica: lo inmediato es lo mediato

Cuesta entender que una cosa puede ser inmediatamente su contrario. Tradicionalmente se suele recurrir a ejemplos simples y se dice: lo negro es inmediatamente lo blanco, lo oscuro es inmediatamente lo claro. Pero tales cosas no suceden. Nada de eso es cierto. No siempre un contrario es inmediatamente su opuesto. Pero esto no contradice a la dialéctica. Lo único que se pone de manifiesto es que la dialéctica no abarca de forma absoluta toda la realidad.

Se aproxima a esa noción la idea de que a un contrario puede seguir su opuesto: la noche sigue al día y el día sigue a la noche. Pero sigue siendo un ejemplo  banal y no se capta así la esencia de la dialéctica, y todo no puede ser dialéctico del mismo modo. Que un aspecto de la realidad sigue a su opuesto no es lo mismo que sea inmediatamente su contrario.

Si admitimos la existencia de la dialéctica, el movimiento de los contrarios, debemos admitir por el principio de la dialéctica que existe igualmente lo contrario de la dialéctica: la coexistencia de los contrarios en la quietud.  Empezamos a dudar. La dialéctica no es tan simple. Si admitimos la validez del pensamiento dialéctico, debemos admitir por el principio de la dialéctica la validez del pensamiento metafísico. Hasta ahora, por una forma superficial de pensar, habíamos creído que el pensamiento dialéctico era la negación del pensamiento metafísico, pero en realidad es su superación. Y en la idea de superación no sólo está contenida la idea de negación, sino también la de conservación.

Pensar de forma metafísica es pensar las cosas de forma aislada, mientras que pensar de forma dialéctica es pensar las cosas en su conjunto. Pero para pensar las cosas como conjunto es necesario haberlas pensado previamente de forma aislada. Luego la forma metafísica de pensar es una etapa necesaria en el proceso de conocimiento relativamente completo de una cosa. Pensar en el aspecto superficial de las cosas es un rasgo del pensamiento metafísico, mientras que pensar en su esencia y contradicciones internas es un rasgo del pensamiento dialéctico. Pero según Hegel la apariencia es la manifestación de la esencia. Luego el pensamiento metafísico es un componente necesario del pensamiento dialéctico global de una cosa.

Nada es tan simple. Todo está lleno de matices y transiciones. Los intelectuales que oponen de forma absoluta lo dialéctico y lo metafísico son pensadores metafísicos. Bajo la forma aparente de la dialéctica puede esconderse un rígido pensamiento metafísico. Y al contrario: bajo la apariencia de la metafísica puede esconderse un flexible pensamiento dialéctico. Seamos más generosos y más justos: la forma dialéctica puede encontrarse en los más variados pensadores. Nada es absolutamente igual a sí mismo. Esta propiedad sólo la tienen las cosas cuando las concebimos de forma absolutamente abstracta, esto es, sin ninguna propiedad que nosotros podamos percibir o pensar.

Lo inmediato es el punto de partida. La semilla es el punto de partida del árbol. En la semilla está encubierto su futuro, existe de forma potencial todo lo que después será como árbol. La semilla es un momento del árbol: su momento inicial. La semilla es el ser en sí. Después se desarrolla, pasa a la existencia, llega las diferencias: las raíces, el tronco, las ramas, las hojas y el fruto. Es el momento del ser para sí. El ser para sí es el momento del salto del ser en sí a la existencia  y a la diferencia. Pero el fruto contiene la semilla. El momento final del desarrollo, el fruto, contiene el momento inicial: la semilla.

Pero la semilla que antes se presentaba como el momento inicial y, por lo tanto, como lo inmediato, se presenta ahora como el momento final, como lo mediato. Lo mediato es aquello que se presenta como resultado de proceso. Su existencia está mediada por un proceso de desarrollo. Y así se presenta la semilla: como resultado del proceso de desarrollo del árbol.

Ahora volvemos al principio: a la semilla. Si miramos hacia adelante, hacia el futuro, es lo inmediato, el punto de partida; pero si miramos hacia atrás, hacia el pasado, es lo mediato, el punto de llegada. Luego lo inmediato es lo mediato. Decía Hegel que nada hay en la tierra que no contenga en sí mismo la unidad de estos dos contrarios: lo inmediato y lo mediato. Y tenía toda la razón del mundo.  

 

 

 

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