lunes, 25 de julio de 2016

Paradigmas y vestimentas mentales

No hay ninguna ciencia que sea paradigma para el resto de las ciencias. Cada ciencia sigue su propio camino, tiene sus propios métodos de investigación y elabora sus conceptos de acuerdo con sus propias condiciones inmanentes. Todas las ciencias tienen sus zonas oscuras, sus zonas rigurosas, sus zonas de certeza y sus zonas de probabilidades. Nada es absolutamente claro ni nada es absolutamente oscuro. Lo que es cierto bajo el progreso de todas las ciencias es la complejidad: hay que considerar demasiados factores en juego.


Aunque en algunas ciencias las ecuaciones matemáticas introducen la exactitud, no hay que perder de vista que con ese procedimiento se lleva a cabo un movimiento desde lo concreto sensible hacia la abstracción, perdiendo con ello la visión integral. Las matemáticas y la física son las disciplinas que más abstracciones ejecutan sobre la realidad. Así que es un error considerar a las ciencias más abstractas como paradigmas del resto de las ciencias. La disciplina que estudia a todas las ciencias bajo el punto de vista general y encuentra puntos comunes entre todas ellas es la filosofía. Solo la filosofía puede proporcionar una visión integral del ser humano.

Todos los teóricos e intelectuales en general están acostumbrados a llevar una determinada vestimenta mental. Esta vestimenta se la procura la esfera de saber en la cual de forma predominante ejercen su actividad mental. Están acostumbrados a una forma específica de percibir, representar y concebir. Y muchos cometen el error que cuando se adentran en otras esferas de saber no se despojan de su vestimenta mental específica, queriendo encontrar las respuestas que se adecuan a su propia experiencia. Al proceder así no se liberan mentalmente y no cosechan los frutos teóricos que le ofrecen las otras esferas de saber. Lo mejor, siempre que nos adentremos en otra esfera de saber, es dejarnos ir por el autor del texto que estemos estudiando y pensar como él lo hace. Mejoraremos nuestra percepción, nuestra representación y nuestra forma de pensar.

No te quedes quieto. No te quedes anclado. Muévete. Revolotea. Déjate atrapar  por todas las fuerzas cósmicas. Déjate impresionar por todas las aventuras humanas. Haz que tu mundo interior se parezca cada vez más al siempre móvil mundo exterior. No te quedes atrás. Salta. Y de vez en cuando retorna a la forma del ser y de la quietud.


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