sábado, 26 de agosto de 2017

Terrorismo y religión

La religión tiene tres dimensiones: la teológica, donde se trata de demostrar la existencia y la necesidad de los dioses; la ética, donde se trata de los principios y valores para llevar una vida espiritual que procure el bien social; y la sociológica, donde los religiosos convertidos en poder institucional quieren transformar el mundo en conformidad con su concepción del mundo. El ateísmo tiene también esas tres dimensiones: en el ámbito de la teología trata de demostrar la necesidad de la existencia de dios y lo presenta como una creación fantástica del ser humano; en el ámbito de la ética comparte algunos principios y valores idénticos a la religión puesto que también busca el bien social; y en el ámbito sociológico también busca transformar el mundo pero de acuerdo con su concepción atea. Yo creo que el mundo sería mejor si el ateísmo entendido en su sentido profundo desempeñara en el sistema de enseñanza el mismo papel que desempeña la religión. Cuando hablo de ateísmo no hablo del ateísmo proveniente de las ciencias naturales, sino del proveniente de la filosofía, donde podemos destacar figuras tan trascendentales como Feuerbach, Nietzsche y Marx.


El terrorismo es terrorismo, independientemente del ropaje con el que se vista e independientemente de las circunstancias históricas que lo hagan brotar. Explicación sí tiene, lo que no tiene es justificación. Tampoco es correcto decir que el terrorismo islamista no tiene nada que ver con la religión, que el islam no manda a asesinar, que el islam busca el amor y la paz entre los hombres. Este punto de vista es un error. El Manifiesto Comunista nos enseñó que existen distintas clases de socialismo: burgués, reaccionario, feudal,… No podemos hacer como hacen los puristas cuando afirmaban que en la URSS no había socialismo. Se equivocaban, en la URSS si había socialismo, pero un socialismo semifeudal, reaccionario y burocrático. Los adjetivos negativos, como por ejemplo el adjetivo fascista aplicado al socialismo de la URSS, no niegan ni anulan el sustantivo. Así que el islamismo terrorista no niega el islamismo. Los terroristas que actuaron en Las Ramblas de Barcelona eran islamistas, eran jóvenes que habían abrazado en su corazón y en su mente la religión musulmana. De una manera equivocada, tal vez; pero no por ello dejaban de ser islamistas. La religión en manos de esos jóvenes, o en la cabeza de esos jóvenes, no era una simple máscara, sino una ideología extremista y perversa.

La religión, en tanto ideología, se alimenta de la realidad, mientras que los planteamientos teológicos, las preguntas acerca de la existencia y el modo de existencia de Alá o de Dios, no tienen ninguna importancia en la ideología religiosa de masas. Los terroristas de las Ramblas creían en Alá y creían en un Alá vinculado al Estado Islámico y a sus intereses. La religión, cualquier religión actual, se alimenta continuamente de la realidad actual y se conserva gracias a esa relación. De ahí que los líderes religiosos, sean cristianos o musulmanes, intervengan en todos los asuntos mundanos: en el trabajo, en la familia, en los valores, en los derechos y libertades de las mujeres, en la vestimenta, y en la guerra y en la paz. Quieren estar en todo y en todo quieren imponer su credo. Y para equilibrar el poder y protagonismo que la religión está adquiriendo por medio del terrorismo islamista, se hace necesario un fuerte desarrollo no de la ideología aconfesional sino del ateísmo, entendido como una ideología que lucha contra la enajenación religiosa del hombre.

Hay que tener cuidado con ir hacia atrás. Desde el siglo XIX la ideología dominante  ha sido la economía política. Solo en las épocas feudales la religión es la ideología dominante. Y no podemos permitir que en la Unión Europea la lucha contra el terrorismo islámico se convierta en un fortalecimiento de la religión y ocupe en la vida social un papel que no debe ocupar. Todavía vivimos en la época de los Estados nacionales. Recién estamos entrenando las regiones económicas: la unión económica, política y cultural de varios Estados nacionales. Esta es la época en la que vivimos. Es una manifestación más de la globalización. No existen Estados cristianos y Estados musulmanes. Solo el ISIS, y que está a punto de pasar a la historia como un dramático recuerdo, es el que ha pretendido crear una Estado islámico, un Estado definido en términos religiosos. El conflicto entre la religión cristiana y la religión musulmana no existe. Todo lo contrario: se benefician, se apoyan y se fortalecen mutuamente en la pretensión de hacer un mundo cada vez más religioso. Es cierto que en ciertos países árabes, con débil o desestructurado desarrollo económico, la religión se ha convertido en una parte sustancial de la ideología dominante, pero como medio para lograr la unidad y la defensa frente al imperialismo occidental, sobre todo en el ámbito cultural y en el ámbito de los valores éticos. Desde que en los países árabes el desarrollo económico capitalista se fortalezca, la religión dejará de ser parte sustancial de la ideología dominante y lo será por completo la economía política.


Fue la revolución burguesa quien liberó al ser humano de la religión, pero mediante un rodeo y no directamente, declarando al Estado ateo. El Estado ateo, el Estado aconfesional, no acaba con la religión, sencillamente la circunscribe en el ámbito privado. Y es en este ámbito privado donde la religión ha adquirido, ponemos de ejemplo a EEUU, un notable desarrollo. De ahí que el ser humano no se haya liberado de la religión. Dios o Alá no es más que la imagen de un hombre todopoderoso creado por el propio hombre. Y ese hombre creado por la fantasía humana se presenta como si estuviera dotado de vida propia y dictara a los hombres y mujeres lo que deben hacer, e incluso en la religión islamista cómo deben vestir. Lo que defiende el ateísmo es que eso que los religiosos dicen que dice Dios no es más que lo que dicen los propios hombres religiosos. Creer en Dios, en un ser todopoderoso que existe en un mundo que no es de este mundo y cuya existencia no puede demostrarse, es una de las formas de enajenación de masas más profundas y arraigadas que existen. Y el ateísmo solo lucha por los valores que desengañen al hombre de sí mismo en tanto hombre religioso. En palabras de Marx: “La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a sí mismo y a su sol real. La religión es solamente el sol ilusorio que gira en torno al hombre mientras éste no gira en torno a sí mismo”.

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