Según Jerome Bruner, siguiendo a Hilary Putnam, la estructura de la referencia lingüística incluye cuatro cosas: la primera es que los individuos puedan indicarse entre sí que tienen una intención referencial o indicativa. La segunda es que la referencia puede variar en su precisión desde una muy confusa vaguedad a una adecuada, definida, expresión referida. La tercera es que la referencia es una forma de interacción social que tiene que ver con el manejo de la atención conjunta. Y la cuarta es que en la acción de referir hay una estructura de meta. Además de estas cuatro cosas, Bruner, ayudado por John Lyons, señala otro rasgo fundamental en los actos de referencia: la deixis es la fuente de la referencia, establecerse en el contexto en lugar de etiquetar es el corazón de la referencia, ya sea en la comunicación temprana o más tarde.
¡Aviso importante! Hasta ahora cuando se pinchaba en las etiquetas no aparecían todos los trabajos publicados bajo dicha etiqueta. Ahora hay paginación y se puede acceder a todos los trabajos publicados. Otra cuestión: Soy Ingeniero Técnico y Licenciado en Filosofía, pero de forma general me considero un Investigador Independiente.
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viernes, 21 de mayo de 2004
El capitalista como creador de trabajo
Para los lingüistas es fundamental la contradicción existente entre significante y significado, para los semiólogos la existente entre expresión y contenido, y para los filósofos la existente entre apariencia y esencia. Hay un rasgo común a todas estas contradicciones: el significante, la expresión y la apariencia son perceptibles, mientras que el significado, el contenido y la esencia no son perceptibles. Ante estas contradicciones se pueden adoptar dos posturas filosóficas: una, concebir el significado, el contenido y la esencia como realidades inasequibles e incluso inexistentes, y dos, concebir el significante, la expresión y la apariencia como formas de manifestación del significado, del contenido y de la esencia. Dentro de los que defienden la primera postura se encuentran los empiristas, los neopositivistas y los kantianos, y en el bando de los que defienden la segunda postura se encuentran los hegelianos y los materialistas dialécticos.
Economía mercantil y economía planificada
El trabajo que hoy presente al lector tiene como objeto de la crítica el trabajo realizado por Néstor Kohan, titulado “Ernesto Guevara: una reflexión de largo aliento” y publicado por Rebelión el tres de noviembre del año en curso. De su trabajo me interesan dos cosas: por un lado, la crítica al socialismo de mercado, y por otro lado, su valoración sobre “El Capital” de Karl Marx. Néstor Kohan se pregunta: ¿cuál es entonces la utilidad del pensamiento del Che? Y responde lo siguiente: “En primera instancia, sus reflexiones resultan provechosas por los llamados de atención que él formuló. Alertando a cualquier desprevenido que acaso se le ocurriera apostar al mercado como una opción estratégica, no como un recurso táctico, el Che explica extensamente el modo en que éste genera necesariamente irracionalidad y desperdicio del trabajo social global. Además, insiste una y otra vez en las consecuencias negativas que el mercado provoca en la conciencia política de una sociedad en transición. Para contrarrestar su influencia, el pensamiento del Che nos permite defender las razones de una planificación democrática (no ejercida únicamente por tecnócratas especialistas, aislados de las masas, sino a través de una creciente participación popular), a partir de la cual la política revolucionaria puede incidir en el “natural” decurso económico a través de la cultura, la batalla de las ideas y la lucha por recrear cotidianamente la hegemonía socialista en todo el ordenamiento social”. Mi respuesta a este planteamiento es la siguiente.
Dualismo, reduccionismo y tópicos
En ciertos debates se cometen, a mi juicio, dos errores: uno, no se sabe con claridad qué fin teórico se persigue cuando se interviene, sencillamente se sale al paso de lo que dice el otro con una simple frase y para llevar al contraria, y dos, se abusa de tópicos y consignas como, por ejemplo, ‘dualista’ y ‘reduccionista’. Es cierto que Descartes concebía el pensamiento como una sustancia que tenía una existencia independiente del cuerpo. Y a esta concepción se le denomina dualista. No obstante, esto no implica que el pensamiento no sea algo cualitativamente diferente del cuerpo. El materialismo monista llegó a tales extremos en los primeros años de existencia de la Unión Soviética que se negaba la existencia de la conciencia, la importancia de su estudio y, con ello, la importancia de la psicología. La etiqueta de dualismo se ha empleado de manera tan infecunda que se aplica a Saussure por concebir la palabra como una unidad de significante y significado, a Marx por concebir la mercancía como unidad de valor de uso y de valor, y a todos los que conciben los fenómenos que analizan como unidades de contrarios.
De lo que no se puede hablar, mejor es callarse
Esta proposición, la que reza en el título del mensaje, es una frase general. Y como todas las frases generales se puede interpretar en mil sentidos. Son frases que dan mucho juego a los filósofos especulativos, porque permite liberarse del rigor conceptual y dejar libre a la intuición, siempre tan imaginativa y caprichosa. Mientras no se diga de qué no se puede hablar, no podremos saber si es mejor callarse o hablar. Si se quiere entender el no poder hablar como una idea que expresa los límites de la razón, debe decirse también de que límites se trata y de qué razón se trata.
De la dialéctica hegeliana a la diferencia nietzscheana
Según Deleuze, y de acuerdo con la información suministrada por Pablo, “Nietzsche presenta la dialéctica como la especulación de la plebe, como el modo de pensar del esclavo: el pensamiento abstracto de la contradicción prevalece entonces sobre el sentimiento concreto de la diferencia positiva, la reacción sobre la acción, la venganza y el resentimiento ocupan el lugar de la agresividad”. Si hay algo que no me gusta de Nietzsche, primer filósofo con el que me formé, es su concepción del futuro social y su desprecio por las masas. Para Nietzsche la sociedad sólo puede ser una sociedad de señores y siervos, de esclavistas y esclavos, de grandes hombres y plebe. Y a su juicio la concepción moral sobre el bien y el mal es el medio que usa la plebe para destruir o rebajar a los grandes hombres. Así que mantener la diferencia, conservar la diferencia, sólo luchar por sentirse diferente, es luchar por conservar la sociedad dividida en una clase dominante y en una clase dominada. Hoy día significaría conservar la diferencia entre capitalistas y trabajadores, y entre pobres y ricos.
Al inicio de su mensaje Pablo plantea lo siguiente: “Entre medio de estas disputas, pensaba en que la mayoría de las veces (si no siempre) caemos en una confrontación dialéctica, o sea en un pensar por oposición, que es una forma negativa de pensar. En este sentido es que Deleuze encamina su idea de la diferencia a partir de Nietzsche como alternativa positiva, de pensamiento constructivo, afirmador y no negador. Se pasa de ir contra el otro a sumar a favor de lo propio. En este sentido, la idea de la diferencia se torna central para superar la dialéctica, que parece ser el motor de varios males”. Antes de ir a la crítica escuchemos a Hegel: “La primera categoría surge a la vista del cambio de los individuos, pueblos y Estados, que existen un momento, atraen nuestro interés, y enseguida desaparecen. Es la categoría de la variación. El aspecto negativo de este pensamiento de la variación provoca nuestro pesar. Lo que nos oprime es que la más rica figura, la vida más bella encuentra su ocaso en la historia. En la historia caminamos entre las ruinas de lo egregio. Las pasiones lo han hecho sucumbir. Es perecedero. Todo parece pasar y nada permanecer”.
Crítica a "Las tierras comunes" de Hardt y Negri
En el capítulo 12 de “Imperio”, en el apartado titulado, “Tierras comunes”, Hardt y Negri nos hablan de que “a lo largo de todo el periodo moderno se produjo un movimiento continuo hacia la privatización de la propiedad pública”. Después añaden que en medio de la postmodernidad “nuestra realidad económico y social se define menos en virtud de los objetos materiales que se fabrican y consumen que a través de los servicios y las relaciones coproducidos. Producir significa cada vez más construir cooperación y comunidades cooperativas”. Y a continuación llegan a una conclusión francamente desdichada y quijotesca: “En la nueva situación, el concepto mismo de propiedad privada, entendido como el derecho exclusivo a usar un bien y disponer de toda la riqueza que se derive de su posesión, tiene cada vez menos sentido. En este nuevo marco, cada vez hay menos bienes que pueden ser poseídos y usados de manera exclusiva; es la comunidad la que produce y la que al, producir, se reproduce y se redefine a sí misma. El fundamento de la concepción moderna clásica de propiedad privada ha quedado hasta cierto punto disuelto en el modo posmoderno de producción”. Por último, vuelven a formular la conclusión con un franco abrazo al idealismo: “La propiedad privada, a pesar de sus poderes jurídicos, no puede evitar convertirse en un concepto más abstracto y transcendental y, por consiguiente, cada vez más desconectado de la realidad”.
Crítica a "La nueva ciencia de la democracia" de Juan Carlos garcía
Las teorías deben ser como telescopios o como microscopios, para ver lo que a simple vista no puede verse, por ser muy pequeño o por estar muy lejano. Pero el texto de Juan Carlos García, La nueva ciencia de la democracia, publicado en Rebelión el 11 de noviembre del año en curso, sirve para todo lo contrario: para empañar nuestra visión del mundo. Hay abuso de categorías filosóficas empleadas de modo especulativo, esto es, categorías que no giran en torno a la realidad sino en torno representaciones arbitrarias. Y lo que es peor: no hay definiciones previas de los conceptos que se emplean. Y las afirmaciones, una buena parte de ellas, son gratuitas, no frutos de razonamientos bien fundamentados. Aunque estas valoraciones puedan resultar muy categóricas y duras, las hago por el bien de la lucha de ideas y la causa del socialismo.
Crítica a la concepción del valor de Toni Negri
Todo empezó cuando leí la entrevista realizada por Fernando del Corro a Toni Negri, publicada en Rebelión el 15.09.2004. Fernando del Corro planteó: “Sostienes que la Ley del Valor ha muerto, que el neoliberalismo le es ajeno...”. Y Toni Negri añadió: “Esta fuera de toda duda que el valor en el concepto liberal tradicional de medir el trabajo incorporado en la fabricación de un producto ha caducado, y que las ideas económicas que se exponen no se corresponden con el pensamiento de Adam Smith o David Ricardo...”. Creo que la práctica económica desmiente esta idea. No hay capitalista en el mundo que cuando hace sus cuentas empresariales, al lado del capital, no ponga lo que le ha costado el trabajo. Y en el análisis de costo de cualquier bien o servicio siempre contabiliza lo que le cuesta el trabajo. Además, la queja de los capitalistas es siempre la misma: el trabajo cuesta mucho dinero, el trabajador sale muy caro. Cualquier capitalista sabe que cuantos menos salarios pague, mayores serán las ganancias, eso forma parte de su abecé económico. De manera que tanto en el capitalismo de ayer como en el de hoy, e incluso en el propio socialismo, es necesario calcular el trabajo que cuesta producir un bien o servicio. De ahí que no sea cierto, como mantiene Toni Negri, que haya caducado la medida del trabajo incorporado en la fabricación de un producto.
lunes, 21 de julio de 2003
Concepto de semiótica
En el Archivo de Semiótica, en la sección “1. Manual de Estudios Semióticos”, he estado estudiando el apartado “1.2 Concepto y desarrollos de Semiótica general”. Mi intervención de hoy se inscribe en el marco del apartado señalado.
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