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jueves, 19 de diciembre de 2019

El todo y las partes, lo simple y lo complejo, y la armonía (6)


Al leer toda la serie de estos trabajos he comprobado que no he redondeado. Primero quiero hablarles de un problema metodológico que Ramón y Jerónimo conocen bien. Nunca hay que perder de vista el objetivo y no hay que desviarse mucho del camino, por muy atractivos que nos resulten los parajes adyacentes. Nos podemos desviar un poco, pero al momento tenemos que retornar al camino principal y no perder de vista el objetivo final. Solo así nuestro discurso estará animado de un sentido inmanente. Por eso cuando puse el ejemplo de la caja desmontada y después montada, añadí: no quiero ir más allá. Como yo soy el autor de esta serie, yo sé a donde quiero llegar. Conozco los estímulos que me llevaron a esta reflexión y conozco la base conceptual en la que me apoyo. Y combino siempre elementos sensibles con elementos teóricos.

Los estímulos provienen fundamentalmente de los escaparates de los comercios dedicados a la Navidad y la decoración interna de dichos establecimientos. Soy un amante de los Belenes y de la decoración navideña en general. Este año, al menos en El Corte Inglés, he observado más armonía que nunca. El Belén me ha encantado y aprecio mucho el trabajo de los artesanos. Aprecio siempre el trabajo del “urbanista”. Cada vez me atrae más esta área del trabajo de los arquitectos. Hay muchos teóricos que descuidan este lado de la sensibilidad y piensan con poco riqueza perceptual en esta materia.

Por el lado teórico me apoyo en los conceptos teóricos elaborados por Heinrich Wölfflin sobre el Renacimiento y Barroco. Además he tenido la suerte de visitar Roma, cuna del Barroco, y Florencia, cuna del Renacimiento. Uno de los rasgos del Renacimiento es la ligereza frente a la pesantez propia del Barroco. Este aspecto se aprecia sobre todo en las esculturas. El otro rasgo de las obras del Renacimiento es que de un solo vistazo puedes captar el conjunto de  la obra, sea una obra arquitectónica, escultórica o pictórica, mientras que en las obras del Barroco tienes que mirar cien veces y cada vez observas un aspecto nuevo. Es muy rico, pero muy recargado. Yo adoro el arte y, por consiguiente, adoro tanto el Renacimiento como el Barroco. Pero eran esos dos aspectos conceptuales del Renacimiento los que estaban en mi cabeza cuando inicié la serie de estos trabajos: la ligereza y ver de un solo vistazo el conjunto.

He insistido en el trabajo anterior que cuando se elaboran conceptos, esto lo aprendí de Marx, el ejemplo ilustrativo debe obedecer al concepto. Y para eso hay que tener muy claro los contenidos conceptuales que guían la reflexión teórica. Sin el predominio de esos contenidos conceptuales no hay orden, no hay unidad y no hay luz. Seríamos víctimas de la contingencia. No sabríamos a donde nos dirigimos. Mis reflexiones han buscado aconsejar a los pensadores y artistas que cuando construyan totalidades empleen el menor número de partes posibles y que estas partes sean lo más simples posibles. Solo así conservarán la unidad, el orden y la armonía.

Les pongo ahora el ejemplo. En la decoración interna de El Corte Inglés hay unos pequeños árboles de Navidad cubiertos someramente de blanco –de nieve –. Introduzco ahora el concepto de partes propias y partes añadidas. Y afirmaré que esos pequeños árboles son el todo. No indago sobre sus partes propias. Así no me meto donde no debo. Y esos pequeños árboles “nevados” estaban decorados con un solo elemento: bayas rojas unidas a ramas lineales. Aquí tenemos el caso de un todo con sus partes propias con un solo elemento añadido. Me resultó ligero y armonioso. Así culmino esta serie. Y aconsejo: no vayan más allá de lo que marca el contenido conceptual  y vivan la experiencia sensible de la Navidad. Solo así unirán el concepto con la sensibilidad y en su exposición teórica habrá claridad, orden y unidad.




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