martes, 29 de mayo de 2007

El dogmatismo según Hegel (II)

La tesis principal que yo había planteado, de acuerdo con Hegel, es que la naturaleza de la verdad no es la misma para todas las esferas de saber. Y con respecto a esta naturaleza se habían destacado tres aspectos: el carácter relativamente inmediato o complejamente mediato de la verdad, su carácter neto o bruto, y su carácter fijo o dinámico. Sin duda que la verdad tiene más propiedades y más lados, pero en lo que a mi respecta sólo estoy reflexionando sobre estos tres aspectos.


Guillermo Hardlan plantea si el saber sobre cuándo nació César debe ser catalogado como corriente o culto. Yo creo, y según atestigua sus propias palabras,  que Guillermo ha examinado esa verdad como una verdad que pertenece a una esfera determinada del saber: la historia. De ahí que destaque que para tener conocimiento de esa verdad se necesita de un gran volumen de trabajo de los historiadores, del trabajo de impresión y del trabajo de traducción. Con esto Guillermo demuestra que el acceso a esa verdad no es inmediato sino mediato. Es una verdad a la que accedemos mediado por varios procesos de trabajo: el del historiador, el del impresor y el del traductor. No obstante, las otras dos propiedades de la verdad las conserva: es neta y es fija. Es decir que no ocurre que la fecha de nacimiento de César varía.

En verdad el ejemplo de cuándo nació César no fue presentado como una verdad histórica. Así que cambio de ejemplo y digo que la fecha de nacimiento de Pablo Romero, del propio Guillermo o de mi hija son verdades corrientes. Entendiendo aquí por verdad corriente aquella que para su conocimiento no se necesita de una preparación erudita, especial o universitaria. Y esta clase de verdades cumplen con los requisitos de los que hablara Hegel: relativamente inmediata, neta y fija.

Para el conocimiento de una verdad matemática como la que constituye el teorema de Pitágoras se necesita de otros conocimientos previos: de cálculo matemático y de trigonometría. No obstante, a pesar de que el conocimiento del teorema de Pitágoras es un conocimiento mediado por otros conocimientos, no deja de cumplir con las otras dos propiedades de la verdad de las que hablara Hegel: su carácter neto y su carácter fijo.

Respondo ahora a lo planteado por Guillermo Malavassi: ¿Qué son las verdades filosóficas para Hegel? Advierto que esta parte es muy compleja. No está de más recordar la advertencia que nos hace Bertrand Russell en su Historia de la Filosofía Occidental: “La filosofía de Hegel es muy difícil; es, diría yo, el más difícil de entender de todos los grandes filósofos”.  La cita de Hegel que yo remití al foro sobre el dogmatismo pertenecía a su obra Fenomenología del Espíritu. La fenomenología del espíritu puede ser entendida como una fenomenología del conocimiento. Y como son muchos los ejemplos que podría poner para exponer la concepción de Hegel sobre las verdades filosóficas, he seleccionado el que he considerado más apropiado para el asunto que nos ocupa y quizás el más fácil de entender, está tomado del primer capítulo de la obra referida y dedicado a la certeza sensible.

La figura que Hegel emplea para expresar la situación de la certeza sensible es la siguiente: Yo, éste, estoy cierto de esto. Dicho de forma concreta: Yo, éste, Guillermo Malavassi, sé esto, la mesa en la que escribo.  Guillermo Malavassi figura aquí como yo o éste, y su mesa como el objeto o esto. Hegel partirá de la base de que el lenguaje sólo puede expresar lo universal y no lo sensible. Sabrán que Ortega y Gasset imitando a Husserl  solía decir “aquí y ahora”, como si con ello pudiera aprehender el momento singular que estaba viviendo. Y muchos después de él lo imitaron y lo siguen imitando. Pero en verdad el lenguaje no puede expresar lo singular, sólo puede expresar lo universal. Y las ideas que expondré a continuación demostrarán que esto es así.

Hegel divide su exposición en tres partes: la certeza sensible en su conjunto, el objeto de la certeza y el sujeto de la certeza. Pues bien, en la parte dedicada a reflexionar sobre el objeto de la certeza se hace la siguiente pregunta: ¿Qué es el esto? Y responde que su ser tiene una doble figura: como ahora y aquí.  Así que se pregunta: ¿Qué es el ahora? Y contesta: el ahora es la noche. Y añade que para examinar la verdad de esta certeza sensible sólo nos bastaría con escribirla. Y así lo haremos: escribiremos que el ahora es la noche. Pero si ahora, este mediodía, revisamos esta verdad escrita, no nos queda más remedio que reconocer que dicha verdad ha quedado ya vacía.

Continúa Hegel razonando, y de forma compleja, como en él es inevitable. El ahora que es la noche se conserva, es decir, se le trata como aquello por lo que se hace pasar, como algo que es; pero se muestra más bien como algo que no es. Observen esa contradicción: el ahora se hace pasar como algo que es noche, pero ahora, este mediodía, se muestra como algo que no es noche. Es habitual en el pensamiento de Hegel plantear las cosas en esa doble dimensión de ser y no ser.
Da un paso más Hegel en su complejo razonamiento y añade: El ahora mismo se mantiene como algo que no es noche; y a sí mismo se mantiene con respecto al día como algo que no es tampoco día. De manera que el ahora se mantiene como un algo negativo en general. (Lo negativo o la negación es un aspecto esencial en la dialéctica elaborada por Hegel)
Y llega, por último, a la siguiente conclusión: este ahora que se mantiene no es algo inmediato, sino algo mediado, pues es determinado como algo que permanece y se mantiene por el hecho de que otro, a saber, el día y la noche, no es.

Demos un paso más. Escribamos la siguiente serie de expresiones: el ahora es la mañana, el ahora es el mediodía, el ahora es la tarde, y el ahora es la noche. Vemos a simple vista que estas expresiones tienen una parte común, el ahora, la parte que se mantiene, y una parte variable, la parte que cambia: la mañana, el mediodía, la tarde y la noche. Deben ahora representarse el ahora aislado como lo que es en sí mismo; y la mañana, el mediodía y la tarde como el ser otro del ahora. Así comprenderán mejor lo que a continuación plantea Hegel: el ahora es en esta simplicidad indiferente hacia lo que sigue sucediendo en torno de él; del mismo modo que el día y la noche no son su ser, tampoco él es día ni noche; no le afecta para nada este su ser otro.

Una vez llegados aquí Hegel define lo que es un universal: “A esto algo simple, que es por medio de la negación, que no es esto ni aquello, lo llamamos un universal”. Se demuestra de este modo, analizando la dialéctica del ahora, que lo sensible permanece inasequible al lenguaje.
15 de septiembre de 2007.

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