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martes, 29 de mayo de 2007

Una poesía de Borges

Al espejo


¿Por qué persistes, incesante espejo?

¿Por qué duplicas, misterioso hermano,

El menor movimiento de mi mano?

¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?

Eres el otro yo de que habla el griego

Y acechas desde siempre. En la tersura

Del agua incierta o del cristal que dura

Me buscas y es inútil estar ciego.

El hecho de no verte y de saberte

Te agrega horror, cosa de magia que osas

Multiplicar la cifra de las cosas

Que somos y que abarcan nuestra suerte.

Cuando esté muerto, copiarás a otro

y luego a otro, a otro, a otro, a otro…





Borges capta aquí al espejo por una de sus propiedades fenomenológicas: duplicador o multiplicador de existencias. Advierte que le duplica cualquier pequeño movimiento de su mano, y lo llama hermano.



Recuerda que es el otro del que habla el griego,  que  lo acecha desde siempre. Pues siempre está ahí, observándolo calladamente, cada vez que se mira en el espejo.



Pero al final reconoce que cuando muera, el espejo copiará a otro y luego a otro, a otro, a otro, a otro… Borges dejará de ser y el espejo seguirá siendo: duplicando, multiplicando, copiando.



Una poesía de Borges – Al espejo (2)



Primero informo a Claudio, advertido por José Luís de que no me pide el libro sino sólo el título, pues no me apercibí de su error toponímico y pensé que ignoraba que yo vivía en Gran Canaria: el poema se llama “Al espejo” y el libro “La rosa profunda”.



El poema de Borges es una invitación al pensamiento y al arte. El arte tiene que ver con la armonía, con la proporción y con la medida. Y el concepto no está tan lejos de esas exigencias. Así que les añado esta pequeña reflexión.



En el mensaje anterior, en el segundo párrafo, escribí lo siguiente: “Recuerda (Borges) que es el otro del que habla el griego,  que  lo acecha desde siempre. Pues siempre está ahí, observándolo calladamente, cuando se mira en el espejo”. Horas más tardes, mientras caminaba por la calle rumbo a la Playa de las Canteras, ideé una corrección de ese texto, una mejora en sentido estético. Donde escribí “cuando se mira en el espejo” puse esta otra expresión: “cada vez que se mira en el espejo”.



Pero quise ir más allá y saber en qué sentido esa corrección representaba una mejora estética. Y la respuesta la encontré en la armonía. Del espejo dice Borges que es incesante. Incesante significa que no cesa, que no para de duplicarnos, aún cuando nosotros no queramos. También habla Borges de que el otro que está en el espejo acecha siempre: en el agua incierta o en el cristal que dura. Y así es: multitud de cosas del mundo hacen de espejo y parece que no podemos escarpar de ellos y de que nos reflejen. De ahí que considere que la expresión “cada vez que se mira en el espejo” sea más armónica con el contenido del poema de Borges que la otra expresión: “cuando se mira en espejo”. Creo que la expresión “cada vez” está más cerca semánticamente de las expresiones “incesante” y “siempre” que lo que está “cuando”.



De todos modos, al margen de que se esté de acuerdo con esta pequeña reflexión o no, lo importante es lo que les comentaba al inicio de este mensaje: el poema de Borges es una invitación al pensamiento y al arte.



26 de octubre de 2007.












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