viernes, 10 de junio de 2011

¿Cómo desmontar al kantismo y a toda clase de idealismo?

El idealismo está presente en todas las esferas del saber: en la economía, en la lingüística, en la semiótica, etc. El problema filosófico fundamental sigue y lo seguirá siendo el constituido por la relación entre el ser y el pensar. Es tanto un problema ontológico como un problema epistemológico.


Según Feuerbach “la verdadera relación entre el ser y el pensar es únicamente la siguiente: el ser es sujeto, el pensar es predicado”. Cuando decimos que el pensar es el predicado, decimos con ello que el lenguaje y en general los signos son predicados del ser. No obstante hay distintos modos y procedimientos para invertir esta relación. Uno de ellos es la mediación. Nada hay en la tierra ni en los cielos que no experimente la contradicción entre la inmediación y la mediación. Y en ese sentido y en el ámbito de la semiótica suele afirmarse que el ser sólo puede venir dado por medio de los signos. De este modo los signos se vuelven lo primero, el sujeto, el generador del ser.

Según Feuerbach “el ser es por sí y a través de sí”. El ser es el que genera al ser. De la harina, de un determinado ser, se puede obtener otro ser: el pan. Y así sucede con todas las producciones materiales. Nunca de la harina pensada, de la harina en forma de palabra, se puede hacer pan. Así que el ser es por sí y a través de sí.  Si el ser es por sí y a través de sí, entonces “el ser es sentido, razón y necesidad”. El ser, concluye Feuerbach, “es todo en todo”.

Según Feuerbach “el ser sólo se deriva del pensar allí donde se desgarra la verdadera unidad del pensar y del ser”.  ¿Cómo se logra hacer esto? ¿De qué modo puede separarse el ser del pensar? Contesta Feuerbach: “allí donde primero se le substrae al ser su alma”.  Y ¿cuál es el alma del ser? La esencia. Todos los seres tienen su esencia. La esencia es aquello por lo que distinguimos a un ser de otro, al pan de la mesa, y a la piedra del río. Por esencia podemos entender en principio las propiedades de una cosa o ente.

Una vez que hemos abstraído la esencia al ser, tenemos la esencia substraída. ¿Qué haremos ahora? Encontrar en segundo lugar en la esencia substraída el sentido y el fundamento del ser, que ahora, al despojarlo mediante la abstracción de su esencia, se presenta como un ser vacío. Primero separamos la esencia del ser, y luego, una vez que hemos transformado el ser en un ser vacío, presentamos la esencia como el sentido y el fundamento del ser.

La esencia de una cosa o de un ente sólo se obtiene mediante el lenguaje. Sólo mediante el lenguaje arrancamos la esencia al ser. Y después, una vez que el lenguaje o los signos han logrado erigirse en sujeto, decimos que sólo por medio del signo las cosas son.

Feuerbach hace uso de una analogía para fundamentar esta explicación. Primero se separa la esencia del mundo del propio mundo. Y luego, una vez que esa esencia ha sido depositado en el más allá, el mundo se presenta como una derivación de Dios. Igual que en el terreno de la filosofía se insiste en derivar el ser del pensamiento, en el terreno de la semiótica se pretende derivar el ser a partir del signo.


7 de junio de 2011.



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