viernes, 30 de marzo de 2012

El interpretante como signo

Según Peirce: “Un signo, o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o tal vez, un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo que llamo el interpretante del primer signo”. 228 (The collected Papers)

En las definiciones de Peirce siempre noto lo mismo: falta de precisión y de concreción. No es lo mismo decir que un signo se refiere a algo, con lo que nos encontramos ante un proceso de referencia, que decir que un signo representa algo, con lo que nos encontramos ante un problema de psicología del conocimiento referido al papel de la representación frente a los papeles desempeñados por la percepción y por el concepto.    Expresar, referir y significar son funciones semióticas distintas. También representar es una función psicológica distinta que percibir y concebir. En mis reflexiones sobre semiótica, http://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com.es/2001/05/reflexiones-sobre-semiotica.html, pueden encontrarse una exposición de las diferencias entre las tres primeras funciones semióticas.  Y sobre la naturaleza de la representación puede consultarse en mi blog este otro trabajo: http://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com.es/2011/04/percepcion-representacion-y-concepto_30.html.
Creo que es un error, una falta de escrúpulo científico, no exponer previamente qué se entiende por representar y referir en la definición que hace Peirce sobre el signo. Y considero una falta de actitud crítica que sus seguidores no corrijan esa deficiencia.  Sin esa aclaración previa, el concepto de signo suministrado por Peirce es vago e impreciso.
Cuando Peirce dice que el signo crea en la mente de la persona a la que se dirige  un signo equivalente o un signo  más desarrollado, la vaguedad de esta formulación salta a la vista. Primero la expresión “crear” presentada como función de un signo es totalmente inadecuada. Supongamos que el signo “mesa” crea en la persona que lo escucha el signo equivalente “mueble”. Vemos, en primer lugar, que como signos por su lado físico no son equivalentes, y como significados tampoco. El concepto de  mueble tiene más extensión que el concepto de mesa. Más preciso sería aquí decir que el concepto de mueble encierra al concepto de mesa,  o que definir un objeto supone incluir un concepto en uno más amplio, como planteó Vladimir Ilích Ulianov. Pero en todo caso no diríamos que un concepto crea al otro, supondríamos un activismo en el signo que no existe. Tanto la recepción del término “mesa” como su intelección son actos de la persona que escucha. Y da lo mismo hablar de signo equivalente como de signo más desarrollado, la falta de rigor estriba en suponer un activismo en el signo y emplear la expresión verbal “crear” para relacionar el signo y el signo equivalente.
Por último, llamar interpretante al signo “creado” por otro signo, no ayuda en nada a la comprensión de los fenómenos semióticos. Sería necesario explicar qué aporta como contenido conceptual el término “interpretante” en la definición del signo aportada por Peirce.  Sin esa tarea previa, el término “interpretante” sólo añade ambigüedad a la comprensión de los fenómenos semióticos. “Interpretante” sería una nominación que más conviene a una persona que a una cosa, puesto que el signo es también una cosa, algo inerte, algo muerto. Su vida depende del sujeto en una comunidad de hablante.  




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