viernes, 9 de marzo de 2012

Valor de cambio y precio

Las citas de Marx las pondré entre comillas al inicio de cada comentario. Las citas pertenecen a la obra de Marx titulada “Grundrisse 1857-1858 I”. Páginas 88, 89, 90 y 91.


“El valor de cambio de la mercancía expresa la totalidad de relaciones cuantitativas en que pueden cambiarse por ella todas las otras mercancías”.
Pongamos un ejemplo. Una mesa vale 500 euros. Supongamos ahora que una silla valga 100 euros y un automóvil 5.000 euros. Es fácil ver que podemos expresar el valor de la mesa en términos de sillas y de automóviles. Una mesa vale 5 sillas y también vale 1/10 parte de un automóvil. Ahora comprendemos mejor lo que dice Marx: al expresar el valor de cambio de la mesa en dinero, y como todas las mercancías expresan sus valores de cambio igualmente en dinero, expresa la totalidad de las relaciones cuantitativas en que pueden cambiarse por ella todas las otras mercancías. Hemos expresado el valor de la mesa en sillas y en automóviles; pero dados los precios del resto de las mercancías, podremos expresar el valor de la mesa en todas y cada una de las otras mercancías. Y de ese modo ponemos a la mesa  en relación cuantitativa con todas las mercancías.
En El Capital, pág. 96, editorial Akal, aparece esta contradicción aunque expresado de otra forma. Para facilitar la lectura haré dos pequeñas modificaciones que no afectan a la esencia del texto: uno, supondremos que el material del que está hechos los euros es oro, y dos, que el equivalente general que emplea como ejemplo Marx en esa página de El Capital, a saber la tela, lo sustituiré por oro en forma de euros, en forma de una determinada moneda supranacional. “El forma de algo igual al euro, todas las mercancías aparecen ahora no sólo como algo cualitativamente igual, como valores en general, sino, al mismo tiempo, como magnitudes de valor cualitativamente comparables”. Justo: al expresar el valor de todas las mercancías en euros, estoy igualando todas las mercancías a euros, todas las mercancías se presentan como determinadas cantidades de euros. Y así, al reducirlas todas a la misma unidad, son cuantitativamente comparables.

“El dinero, en cuanto valor de cambio, existe junto a todas las mercancías y fuera de ellas. Es en primer lugar la materia general por la que las mercancías deben cambiarse, convertirse en oro y en plata, para cobrar su libre existencia como valores de cambio”.
Qué importancia tiene en el pensamiento dialéctico los matices, los detalles, los pequeños pasos. Si aquí se habla de que las mercancías pueden cobrar una libre existencia como valores de cambio, debemos suponer que también ostentaban o tal vez siguen ostentando además una existencia no libre como valores de cambio. Pensemos en la época del trueque directo. Cambio 1 kilo de trigo por un vestido con este vendedor y más allá, en otro lugar del mercado, cambio 1 kilo de trigo por un par de sandalias con otro vendedor. Y ellos hacen lo mismo pero a la inversa: el primero cambia su vestido por mi kilo de trigo, y el segundo cambia su par de sandalias por mi kilo de trigo. Suponemos que he llevado al mercado varias bolsas de 1 kilo de trigo cada una. Lo cierto es que igual que para mí el trigo me funciona como valor de cambio, para los otros vendedores les funciona el vestido y el pan de sandalias como valores de cambio. Luego no hay un solo valor de cambio, hay tantos como mercancías haya en el mercado.
Lo cierto es que el valor de cambio del kilo de trigo se presenta como una parte inseparable del kilo de trigo. Carece pues de existencia independiente. Pero desde que surge el valor de cambio puro, esto es, el dinero, el valor de cambio existe al lado de todas las mercancías y fuera de ellas. Supongamos que el oro desempeñe el papel de dinero. Ahora en vez de cambiar las bolsas de 1 kilo de trigo con el resto de las mercancías presentes en el mercado, las cambio por oro. Y luego con este oro compraré los medios de subsistencia que necesito. Al transformarlo en oro, el kilo de trigo cobra como valor de cambio una existencia independiente. El kilo de trigo sigue teniendo un valor de cambio, y éste se presente como parte inseparable del cuerpo del trigo, pero ya no puedo usarlo como medio de cambio. Se ha separado su condición de valor de cambio de su función como medio de cambio. Ahora para funcionar como medio de cambio el valor tiene que cambiar de cuerpo: tiene que cambiar su cuerpo de trigo por su cuerpo en oro. Puesto que el valor de cambio que tiene 1 kilo de trigo es el mismo que tiene los 10 gramos por los que se cambió.  Si un kilo de trigo vale 10 gramos de oro y un vestido vale 10 gramos de oro, 1 kilo de trigo vale un vestido.  Llegados aquí podremos afirmar que desde que surgió el dinero, todas las mercancías tienen dos valores de cambio, el propio, el que es inseparable de su propio cuerpo, y el que tiene en oro, donde cobra su existencia independiente.

“Por tanto, el dinero se postula aquí como la medida de los valores de cambio, y los precios como los valores de cambio medidos en dinero”
Hay poco que añadir aquí. Sólo es necesario fijar con rigor los conceptos. ¿Con qué se miden los valores de cambio? Con el dinero. ¿Qué son los precios? Los valores de cambio medidos en dinero. Dicho de forma inversa: con el dinero medimos los valores de cambio y cuando lo hacemos establecemos el precio de dichos valores de cambio. Les recuerdo que en El Capital definimos el precio como la expresión del valor en dinero. La diferencia entre esta definición y la que aparece en los Grundrisse estriba en dos aspectos: uno, que aquí se habla de valores de cambio y allí de valor, y que aquí se habla de medida y allí de expresión. 

“Pero lo más importante para el razonamiento es que en el precio se equipara el valor de cambio con el dinero. Después de establecerse el dinero como el valor de cambio independiente, separado de las mercancías, la mercancía individual, el valor de cambio específico, se equipara nuevamente al dinero”.
Esto parece una repetición de lo que dijimos en el anterior trabajo, pero nos conduce a un puerto diferente. Así que no dejemos pasar estas ideas como si ya las conociéramos, puesto que su dirección es distinta. Aconsejo al lector que las lea varias veces y procure hacerse con ellas.

“…en el precio la mercancía se refiere de una parte al dinero como algo exterior a ella y, de otra parte, idealmente se postula ella misma como dinero”.
Referirse y postularse. La mercancía hace dos cosas mediante el precio: por un lado, se refiere al dinero real, y por otra, parte se postula como dinero ideal.
“El precio es cualidad de la mercancía, una determinación en la que ésta se representa como dinero. No es ya una determinabilidad directa, sino una determinabilidad refleja de ella. Al lado del dinero real existe ahora la mercancía como dinero ideal postulado”.
Por un lado, está el dinero real, y por otro lado, está la mercancía como dinero ideal postulado. En principio no parece atinarse la diferencia, el matiz que se está introduciendo con el concepto de precio. Pero a un paso está dejarlo claro. No obstante, aprovecho la ocasión para que el lector aprecie la diferencia entre una determinabilidad directa, por ejemplo, que una mesa ha costado 20 horas de trabajo social producirla, y una determinabilidad refleja: el precio.

“En cuanto precios todas las mercancías son, bajo distintas formas, representantes del dinero, mientras que antes el dinero, como valor de cambio sustantivado, era el representante de todas las mercancías. Después de postularse el dinero realmente como mercancía, la mercancía se postula idealmente como dinero”.
Al principio, en el trueque directo, estaban unas mercancías frente a otras y todas hacían de dinero. Después surgió el dinero: una mercancía específica fue excluida del resto y se transformó en el equivalente general, en el mediador, de todos los intercambios. En esa fase estaba la mercancía en un lado y enfrente el dinero. Pero surgió el precio: ahora estaba la mercancía portando su precio, esto es, existiendo como dinero ideal, y enfrente se encuentra el dinero real. En un lado dinero ideal y en otro lado dinero real. Ahora todas las mercancías se han convertido en representantes del dinero.






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