sábado, 6 de junio de 2009

Economía política y economía vulgar

“Para que quede claro de una vez para siempre, por economía política clásica entiendo toda economía que, desde W. Petty, investiga el nexo interno de las relaciones de producción burguesa en contraste con la economía vulgar, que sólo se mantiene dentro de la conexión aparente, cuidándose tan sólo de ofrecer una explicación plausible de los fenómenos más burdos, por así decirlo, y rumiando una y otra vez, para el uso doméstico de la burguesía, el material suministrado hace ya tiempo por la economía científica, y que, por lo demás, se limita a sistematizar, pedantizar y proclamar como verdades eternas las ideas banales y fatuas que los agentes de la producción burguesa se forman acerca de su propio mundo como el mejor de los mundos posibles”. El carácter fetichista de la mercancía y su secreto. Nota a pie de página. Karl Marx.



Marx plantea la contradicción entre la economía clásica y la economía vulgar como la contradicción entre la investigación de los nexos internos de las cosas y la investigación de los nexos externos o aparentes de las cosas.  Y los marxistas, en este terreno, estamos más cerca de la economía clásica que de la economía vulgar. No se trata de descuidar o despreciar las conexiones externas de las cosas, sino saber que las conexiones externas de las cosas son la expresión de las conexiones internas.
Hay además otro aspecto importante a destacar en la crítica que Marx hace a la economía vulgar. Los señala como investigadores que no van más allá de las ideas que se hacen los agentes prácticos de la producción burguesa. Se limitan a sistematizarla y a pedantizarlas. Pero hacen algo peor: las proclaman como verdades eternas, verdades válidas para todos los tiempos, sin fecha de nacimiento y de caducidad. Y no paran ahí: ayudan a los burgueses a creer que su mundo es el mejor de los mundos posibles. Se vuelven en apologistas del orden existente.

En el terreno de la filosofía son los empiristas, positivistas y seguidores de Kant quienes mejor se adaptan a las pretensiones de los economistas vulgares. La posición de Kant sobre el carácter incognoscible de la cosa en sí no sólo supone la negación de que es imposible conocer las conexiones internas entre las cosas, sino que niega la relación entre las conexiones externas y las conexiones internas. De ahí que en este terreno Hegel sea el mejor de los aliados de los marxistas. Y en un mundo como el de hoy, donde el peso de las apariencias se ha vuelto tan todopoderoso, los marxistas deben criticar con suma dureza a los empiristas y positivistas.

Los empiristas, tan dados a creer sólo en el conocimiento sensible, niegan que lo social tenga existencia objetiva. Para ellos sólo lo individual existe. Y de hecho, en apariencia, uno sólo ve a individuos, a muchos individuos, pero nada que puede ser observado y nombrado como lo social. Pero los empiristas no sólo están aquejados de una visión puramente aparente de las cosas, sino además de un gran desconocimiento de las ciencias sociales y, en especial, de la economía. Pongamos un sencillo ejemplo para desbaratar esta falsa concepción sobre lo social. (Les comento entre paréntesis que la existencia de lo social y la determinación de lo social es uno de los contenidos conceptuales fundamentales de la teoría del valor de Marx)
Todo el mundo es un ser unilateral bajo el punto de vista del trabajo y un ser multilateral bajo el punto de vista de las necesidades. El hombre no es un ser fuera del mundo, es un ser dentro del mundo, y su existencia depende del mundo. Y para vivir necesita satisfacer sus necesidades. Y para satisfacerlas necesita del trabajo de los otros, de los muchos, de la sociedad. Vemos que en el hombre mismo se da la contradicción entre lo individual y lo social, que lo social no es sólo algo externo, sino que también se da forma interna: las necesidades (lo interno)  y los medios para satisfacerlas (lo externo) son sociales.
16 de marzo de 2009.


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