sábado, 22 de mayo de 2004

El traje del prisionero

Presento a todos un pequeño análisis semiótico de un cuento del  Naguib Mahfuz titulado “El traje del prisionero”. Los hechos narrados transcurren en Egipto. El contenido semiótico presente en este cuento es amplio y variado, pero sólo me centraré en el aspecto de la vestimenta. Lo primero que haré será exponer de forma sucinta dicho cuento. Luego pasaré al breve análisis. El Buche, nombre del protagonista principal, era un cerillero que vendía cigarros y cerillas en la estación de al-Zagazig cuando pasaba el tren. Estaba harto de su vida y descontento con su suerte. Si hubiera sido libre de elegir su destino hubiera preferido ser chófer de algún rico, vestir ropa de effendi, comer lo mismo que el bey y acompañarle a sitios selectos. Pero había una razón más profunda que lo empujaba a sentir ese deseo: cuando vio que Fino, el chófer de uno de los Importantes, paraba a Nabawyya, la criada del comisario, y le expresaba su deseo de casarse con ella. Oyó que le decía: “Pronto vendré con el anillo...”.


El Buche estaba enamorado de Nabawyya y ese mismo día la siguió y la paró pidiéndole explicaciones sobre la actitud del Fino. Pero ella, mirándolo con desprecio, le dijo: “Mejor cómprate unos  zuecos”. Él se miró los pies como si fueran una cima de significados misteriosos, su galabeyya sucia, su taqiyya mugrienta y se dijo: “Éste es el motivo de mi miseria y el ocaso de mi estrella”. Ese día cuando se aproximó al tren vio que en las puertas había centinelas y que por las ventanillas asomaban caras extrañas con ojos ausentes, rotos. Preguntó y se enteró de que eran prisioneros italianos. Se desilusionó, sabía que de aquella gente tan necesitada  no iba a sacar dinero alguno. Cuando ya se iba un prisionero le gritó en su propio idioma: ¡cigarrillos!. El Buche se giró y frotándose el dedo índice con el pulgar, le preguntó: ¿hay dinero? El soldado comprendió el gesto del Buche, se quitó la guerrera y le dijo: este es mi dinero. Tras muchos regateos el Buche compró la guerrera por dos paquetes de cigarrillos. El Buche se puso la guerrera, la abotonó, evocó la imagen de Nabawiyya y murmuró: “Si me viese ahora”.  Después se dijo: “A partir de ahora no me evitará ni me apartará la cara con desdén, y el Fino no tendrá motivos de presumir delante de mí”.

En ese momento recordó que el Fino  llevaba un uniforme completo y no una simple guerrera. Así que se lanzó por los vagones ofreciendo cigarrillos a cambio de unos pantalones.  Y los logró. Por último, cayó en la cuenta que le faltaban los zapatos  para ser todo un soldado italiano. De nuevo se lanzó al tren a ofrecer sus cigarrillos a cambio de unas botas, pero en ese momento arrancó el tren y desistió de su acción.  El centinela que estaba en la puerta trasera le gritó: sube al tren prisionero. Primero se lo dijo en inglés y luego en italiano. El Buche no lo entendió. De nuevo el centinela le gritó: “sube al tren prisionero”. El Buche hizo un gesto de desdén y siguió su camino. Entonces el centinela apuntó su fusil contra el Buche y disparó. Tras un grito de dolor el cuerpo del Buche quedó exánime.

Paso al análisis. Primero está el significado que tenía la ropa del Buche para Nabawiyya: penuria e incomodidades. Segundo está el significado que tenía la ropa del Fino para Buche: comer bien, ir a lugares selectos, y poder casarse con Nabawiyya. Tercero está el significado que tenía la ropa de soldado italiano para el Buche: parecerse a Fino y lograr que Nabawiyya no lo mirara con desdén sino con admiración y atracción. Y cuarto está lo que significaba la ropa de soldado italiano para el centinela: prisionero. La primera pregunta que me hago es si Nabawiyya hubiera cambiado su concepto sobre el Buche al verlo vestido de soldado italiano.  Creo que no. Fino no era sólo la vestimenta de chófer, sino que era chófer. Su ser social y su apariencia coincidían. Y lo fundamental para Nabawiyya era el ser social de Fino: ser chófer de unos de los Importantes del lugar. Mientras que en el caso de Buche vestido de soldado italiano su apariencia no coincidía con su ser social: aunque en apariencia era un soldado italiano, su ser social seguía siendo el mismo: un pobre cerillero. Sólo se engañaba a sí mismo, pues el significado aparente de su vestimenta no se correspondía con su ser social. Era una manera de soñar. Sin embargo, de espalda, a cierta distancia, el centinela tomó su apariencia por verdadera, lo tomó como un soldado italiano. Y por esa causa el Buche murió. Se engañó a sí mismo y engañó al centinela. De acuerdo con este análisis las personas se presentan de forma doble: como ser social y como vestimenta. Y como conclusión del análisis diré que el significado de la vestimenta de una persona se encuentra en el ser social de dicha persona. Cuando la apariencia, en tanto está constituida por la vestimenta, coincide con el ser social, tendremos un significado verdadero; mientras que si la vestimenta no coincide con el ser social, entonces tendremos un significado puramente aparente.   El Buche pretendía parecerse al Fino, y su esperanza  de conquistar el corazón de Nabawiyya lo llevó a creer que con la ropa de soldado italiano encontraría esa igualdad aparente, pero en la realidad, en el contexto en el que se movía, se vistió de prisionero. Y por ese motivo halló la muerte.



Permítanme exponer algunas divergencias. El concepto de rol social es más limitado que el concepto de ser social. Por rol social se entiende el conjunto de funciones sociales que se derivan del puesto que ocupa una persona en la sociedad, mientras que por ser social se entiende el conjunto de las relaciones sociales en las que transcurre la vida de un individuo.  Y una de esas relaciones es la económica, que determina en grado sumo las posibilidades del resto de relaciones sociales que puede contraer el individuo. En nuestro caso, en el del cuento de Naguib Mahfuz, se trata en concreto de clases sociales pobres: un cerillero, un chófer y una criada.

Tampoco se trata de la vestimenta en general sino de unas vestimentas determinadas y concretas: la de un pobre, la de un chófer, la de una criada y la de un soldado. Se trata del drama del Buche, que viene determinado por sus relaciones económicas, donde es un simple cerillero. Era tan pobre que no podía pretender ni el amor de una criada.   Esto indica el límite de las posibilidades de sus relaciones sociales. Y se trata, por último, de que las vestimentas en cuestión se convierten en signos de las relaciones sociales, en signos del ser social del individuo. El Buche creía que con sólo cambiar su vestimenta iba a cambiar la actitud de Nabawiyya hacia él. Pero se equivocaba, pues así reza el dicho: aunque el mono se vista de seda, mono se queda. Lo que tenía que cambiar era su ser social, que le daría nuevas posibilidades de relaciones sociales, como le sucedía al Fino: que vestía ropa de effendi, comía bien e iba a lugares selectos. Era su ser social, el conjunto de sus relaciones sociales, la que tendría que cambiar y no sólo la vestimenta. Su ceguera por Nabawiyya no le permitió percatarse que mientras creía que se vestía como todo un soldado italiano, se vestía igualmente como un prisionero. Se engañó a sí mismo y engañó al centinela. Y para ese fin semiótico sirvió la vestimenta de soldado en el cuerpo del Buche: para  engañar. Y ese engaño lo llevó a la muerte. Dura y dramática historia la del Buche.

12 de septiembre de 2004.

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