Translate

domingo, 23 de mayo de 2004

La realidad detrás de la apariencia

En su último mensaje Luís Ledo dice lo siguiente: “Por lo tanto ni idealismo ni positivismo: hay que darse cuenta que no podemos traspasar la barrera de la apariencia, pero también que existe, detrás de ella, la realidad”. Surge aquí una pregunta: si no podemos traspasar la apariencia, ¿cómo podemos saber que existe detrás de ella la realidad? Caben dos respuestas: una, hay algo en la apariencia que delate que hay una realidad detrás de  ella, y dos, es lógico y razonable que haya una realidad detrás de la apariencia. Si optamos por la primera solución, debemos defender la unidad de la apariencia con la esencia, donde la primera es signo o manifestación de la segunda. Y si optamos por la segunda solución, hay que explicar cuáles son las razones para pensar de ese modo.



Les recuerdo, siguiendo a Russell, que el pensamiento filosófico debe ser más exacto que  el pensamiento matemático y que no debe dar nada por sentado. Para estudiar la contradicción entre apariencia y realidad, o entre apariencia y esencia, podemos proceder de dos modos: o estudiamos un ejemplo particular y mediante análisis vemos los conceptos que le convienen, o tenemos unos conceptos dados y buscamos los ejemplos que sirvan para ilustrarlos. También es conveniente saber bajo que línea filosófica estamos estudiando el problema filosófico que nos ocupa. Tengo la impresión de que la concepción de Luís Ledo está muy próxima a la de Bertrand Russell, y se plantea en los siguientes términos. Supongamos que en el centro de una habitación tenemos una mesa cuyo tablero tiene forma rectangular. Supongamos ahora que hay cuatro observadores que están viendo la mesa desde posiciones distintas. Lo primero que observamos es que ninguno de ellos ve el tablero con forma rectangular sino con forma trapezoidal, y lo segundo que observamos es que la forma geométrica que ve cada uno de ellos es distinta de la otra. Dicho de otra forma: ninguno ve la misma mesa y ninguno ve la mesa como es en realidad. Por lo tanto, por medio de los sentidos no vemos cómo son las cosas en realidad,  sino sólo como son en apariencia. De ahí que Russell piense que la forma real de la mesa la inferimos de las formas aparentes de la mesa. Pero si de la forma aparente inferimos la forma real, estamos reconociendo que hay conexión, nexo o unidad entre la forma aparente de las cosas y su forma real. Insisto en que esta es la forma en que Russell plantea el problema; si recurriéramos a Husserl, obtendríamos un planteamiento distinto, y si recurrimos a Hegel, obtendremos otro nuevo planteamiento. Como observarás, Russell ha partido de un ejemplo particular para obtener los conceptos de apariencia y de realidad.

Hablemos ahora del ejemplo que tú pusiste, el de la vidriera. Este es el caso de una persona que al entrar en un edificio no ve que hay una puerta de cristal, por su enorme transparencia, y termina por chocar contra ella. De aquí inferimos lo siguiente: si bien el sentido de la vista ha sido engañado, puesto que dicha persona no ha visto que tiene una puerta delante,  el sentido del tacto no pudo ser engañado. En  ocasiones nos hemos visto en la necesidad de tocar con las manos una supuesta planta para asegurarnos si es de plástico o de verdad. El ejemplo que has puesto sirve más para explicar cómo uno de los sentidos puede ser engañado y cómo puede ser resuelto dicho engaño, que para explicar la contradicción entre apariencia y realidad. Podría ser usado para este fin, pero es más adecuado el ejemplo de Russell.

El otro ejemplo al que te refieres pertenece a la sabiduría popular y reza así: las apariencias engañan. Aquí hablamos de los seres humanos y no de mesas o vidrieras. Aquí debemos incluir más aspectos que en los casos de la vidriera y de la mesa. El análisis se torna más complejo. En el caso de la mesa sólo teníamos que suponer la mesa y nosotros frente a ella, mientras que en este caso debemos suponer las relaciones sociales entre las personas en toda su complejidad. Supongamos que una madre le hable en estos términos a su hija, que empieza a salir a calle, a ver chicos y a disfrutar de la noche: “no te fíes de las apariencias, no te fíes de las palabras bonitas, puesto que muchos jóvenes que a primera vista parecen buenas personas, cuando los conoces más de cerca resultan que son demonios que te harán sufrir muchísimo. Procura conocer bien a la persona que tienes delante. Y esto no puedes lograrlo en una sola noche. Así que ándate con pies de plomo”. Un hecho diferencial de la apariencia de las personas con respecto a la apariencia de las cosas es el siguiente: de la apariencia de las personas no sólo forma parte la apariencia física, sino también las palabras emitidas y la forma en que han sido emitidas. También por el lado de las reacciones que tienen unas personas ante la apariencia de las otras es fundamental saber si las primeras son confiadas o desconfiadas, si saben descubrir las apariencias falsas o si no saben hacerlo. Como observarás, este es un tema bastante amplio, y en parte tiene que ver con lo que en este foro se discutió semanas atrás bajo el título de máscaras.

18 de febrero de 2004.

No hay comentarios:

Publicar un comentario