domingo, 3 de junio de 2007

La ley de la negación de la negación

Un hombre venezolano, que no siendo marxista se ha volcado recientemente al estudio del pensamiento de Marx, me formula una serie de preguntas sobre la dialéctica y el socialismo, a las cuales pienso responder por partes.


La formulación de la primera pregunta y su fuente



Su primera pregunta la expresa en estos términos: “Según la ley de la negación de la negación (y la evolución en espiral) que forma parte de la dialéctica marxista, el modo de producción socialista es posterior y superior al modo capitalista de producción. Y el paso de uno a otro se concibe en forma unilateral, es decir, de los menos evolucionados (capitalismo) a los más evolucionados (socialismo y comunismo). Partiendo de esa premisa, ¿cómo se explica que los países socialistas y comunistas como la URSS, China, etcétera, hayan pasado o estén pasando del socialismo al capitalismo? ¿No refuta esto la ley de la negación de la negación, aplicada a la sociedad? ¿Por qué se pasa de una fase superior (socialista) a una presuntamente inferior (capitalista)? Mi interlocutor me hace saber más adelante que sus preguntas y objeciones están fundadas en el libro “La esencia humana” de un ex-marxista cubano llamado Arnoldo Águila.

Lo primero que hice fue ir a la página de Arnoldo Águila para ver lo que había escrito sobre la ley de la negación de la negación. Y aquí van dos muestras encadenadas de su pensamiento. Primera muestra: “Para determinar que existe un avance en espiral es imprescindible el paso de un nivel a otro, que las situaciones sean cualitativamente diferentes, y por otra parte, el marxismo leninismo no acepta que la espiral sea recesiva, degradante sino que se establece una espiral progresiva, basado en un optimismo fundamentado”. Segunda muestra: “La evolución del Universo no es en espiral y tampoco lo es el avance social, como lo  ha demostrado el regreso de la mayoría de países socialistas al capitalismo. Y según los marxistas la práctica es el criterio de la verdad”.

En primer lugar, he de decir que a veces las respuestas a los detractores del marxismo son más sencillas de lo que se piensa. Lo que sucede es que hay que saber ver lo sencillo. Y en segundo lugar, he de advertir que es conveniente tomar las distancias debidas respecto de la forma en que ha sido planteada la pregunta, puesto que en ocasiones en la forma de la pregunta se encuentra la trampa  o el enredo que nos lleva a la derrota y al desaliento. Uno puede aceptar el campo de batalla y las armas que nos ofrece el contendiente o  pensar que el campo de batalla y las armas son otras a las ofrecidas.

Arnoldo Águila, como cualquier principiante marxista, sabe que la principal ley de la dialéctica es la unidad de los contrarios. Sabe que no sólo existe el día, sino también  su contrario: la noche. Sabe que no sólo existe la suma, sino también su contrario: la resta. Al igual que  sabrá que no sólo existe el amor, sino también su contrario: el odio. Pues debería saber igualmente que no sólo existe el avance, sino también su contrario: el retroceso. En 1917 Rusia dio un paso adelante, hacia el socialismo, y en 1985 dio un paso atrás, hacia el capitalismo. No hay nada de extraño, ni de antihistórico ni de antidialéctico en este hecho. La vida está llena de reveses y de marchas atrás. Por lo tanto, el retroceso hacia el capitalismo desde el socialismo no cuestiona la ley de la negación de la negación en particular ni la dialéctica en general, sino todo lo contrario: pone en evidencia el predominio en la historia de la ley de la unidad de contrarios. Así que donde Arnoldo Águila veía una refutación de la dialéctica había una confirmación. Todo un error de apreciación.



El pensamiento generalista



Los marxistas se han acostumbrado a estudiar una dialéctica para niños de párvulos, se ha contentado con el Anti-Dühring de Federico Engels, donde la dialéctica se reduce a tres leyes generales: La ley de la unidad de los contrarios, la ley del salto de la cantidad a la calidad, y la ley de la negación de la negación. Y con esas tres leyes generales quieren comprender el mundo. Es como si alguien quisiera dominar la matemática moderna sabiendo las cuatro reglas básicas de la aritmética: sumar, restar, multiplicar y dividir. El pensamiento dialéctico de Marx se encuentra en lo fundamental y de modo decisivo en El Capital. La dialéctica presente en esa obra teórica es una dialéctica fenoménica, de mucha complejidad y de mucha envergadura, muy lejos de la simpleza de aquellas tres leyes generales. No es el momento de su exposición, pero sí de advertir que la dialéctica ha sido vulgarizada por los marxistas. De manera que sus detractores, como es el caso de Arnoldo Águila, lo tienen fácil. Tengo previsto elaborar un libro sobre dialécticas concretas, donde se incluye la dialéctica de la mercancía, con el fin de que se observe la riqueza del pensamiento de Marx y de Hegel a este respecto. Persigo con ello acabar con el predominio del pensamiento generalista entre los marxistas.



Etapa democrática revolucionaria y etapa socialista



Aunque Arnoldo Águila defiende una filosofía concreta frente a la filosofía abstracta, no es concreto en su crítica. Los excesos de simplificación hacen ver como si en el mundo sólo hubiera dos colores: el negro y el blanco. Pero las cosas no son así: hay muchos colores y dentro de cada color hay muchos matices. Ilích Ulianov dividió la revolución proletaria rusa en dos etapas: etapa democrática revolucionaria y etapa socialista. ¿Por qué no podía la Rusia de 1905 pasar directamente del capitalismo al socialismo? Sencillamente porque la Rusia de aquel entonces no era un país capitalista, sino un país semifeudal y semicapitalista.

La clase mayoritaria no era la obrera sino la campesina. En ese país y en ese entonces no se podía pasar directamente al socialismo, era necesario primero cubrir una etapa democrática revolucionaria. ¿Qué objetivos se debían cubrir en esa etapa? Los objetivos que históricamente debían corresponder a la burguesía. Esa era la esencia de la revolución democrática: el proletario al frente de los campesinos debía realizar una revolución burguesa. Pero sucedió que por azares históricos se pasó muy rápido de la revolución democrática a la revolución socialista; y los objetivos democráticos revolucionarios no se cumplieron.

Si pensamos de forma generalista, nos haremos con la idea de que lo que sucedió en Rusia fue el tránsito del régimen capitalista al régimen socialista. Pero esto no es cierto. Hay que pensar de forma concreta, esto es, incluir los detalles y los matices que hay en las cosas: lo que sucedió en Rusia en 1917 fue el tránsito de una sociedad semifeudal y semicapitalista a una sociedad socialista. De este modo el socialismo que se construyó no heredaba los avances del capitalismo, sino los atrasos del feudalismo. Hay que pensar que el proletariado era una clase minoritaria mientras que los campesinos era la mayoritaria. De ahí que lo lógico sea pensar que el socialismo construido en Rusia fuera un socialismo en parte  pequeño burgués y en parte semifeudal. No fue un socialismo proletario ni un socialismo edificado sobre las grandes conquistas del capitalismo.  



Socialismo fascista



En la URSS no había Estado de derecho. Esta conquista de la burguesía no la había heredado el socialismo. El Estado de derecho permite que cualquier persona se sienta protegida frente a los abusos y arbitrariedades de los gobernantes. En la URSS el Partido Comunista lo era todo y lo podía todo. La separación estricta entre el Partido Comunista y el Estado no existía. De ese modo el Estado soviético ejercía la violencia sobre los ciudadanos sin mediación de la ley. Así que era un Estado fascista. Esto no quita que fuera un Estado socialista, pues la propiedad predominante sobre los medios de producción era la pública, pero no por ello dejaba de ser un Estado fascista, un Estado donde entre el ejercicio de la violencia y el ciudadano no mediaba la ley. 



Socialismo pobre



En la URSS la industria pesada, la industria destinada a producir los medios de producción, estaba muy desarrollada y ocupaba un gran espacio dentro de la economía nacional; mientras que la industria ligera, la industria destinada a producir los medios de consumo, estaba muy atrasada y ocupaba muy poco espacio dentro de la economía nacional. Y esa era la imagen que daba Rusia: maquinaria pesada de primera línea y obreros muy pobres. Ya lo advirtió Deng Xiaoping en 1978: había que acabar con el socialismo pobre. El socialismo no debe ser necesariamente pobre. Hay que luchar por un socialismo rico, por un socialismo donde los creadores de la riqueza, los trabajadores, disfruten de ella. Así que el socialismo soviético era un socialismo pobre.



El pensamiento generalista frente al pensamiento concreto



Vemos que no se puede hablar de capitalismo y de socialismo a secas. No es cierto que en 1917 Rusia pasara del capitalismo al socialismo, como tampoco es cierto que en 1985 pasara del socialismo al capitalismo. No es cierto porque esas categorías están preñadas de generalidad y de absolutismo  y, en consecuencia, explican muy poco. Hay que ser concretos, hay que incluir el mayor número de determinaciones que se pueda, para ver así las cosas más claras. En 1917 Rusia pasó del semifeudalismo y del semicapitalismo al socialismo semifeudal y pequeño burgués; y en 1985 pasó del socialismo fascista y pobre al capitalismo democrático y rico.


22 de enero de 2007.










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