Aprendí de Hegel que el sentimiento es la unidad íntima entre el sujeto y el objeto. En el sentimiento el objeto no se presenta claramente diferenciado del sujeto, y el sujeto tampoco es capaz de diferenciarse del objeto. El sentimiento es la base de la religión y sobre él se asientan emociones que conducen al extremismo. No curre así en la conciencia: el objeto está frente al sujeto. En la conciencia el objeto y el sujeto están claramente diferenciados. La conciencia es el reino de la razón. En el sentimiento es imposible que acampe la razón. En el sentimiento todo se presenta nublado y, en ocasiones, oscurecido. En la conciencia, en el reino de la razón, todo puede presentarse claro y distinto.
Muchas mujeres maltratadas
dicen: aunque él me pega, refiriéndose al maltratador, en el fondo me quiere, y
yo lo quiero a él. Estas mujeres hablan dominadas por el sentimiento, y esto
las condena. El sentimiento puede convertirse en un peligroso enemigo. El reino
de la conciencia, donde la razón manda, es su única liberación. Solo en el
reino de la conciencia, la mujer maltratada puede liberarse del maltratador y salir
del engaño. Puesto que el sentimiento es en parte eso: un engaño. Voces
feministas autorizadas ya no ven con buenos ojos el llamado amor romántico,
justamente por eso, por el papel dominante que desempeñan los sentimientos. Los
sentimientos deben estar presentes en una pareja como en todo lo que hagamos,
pero debe desempeñar un papel complementario y subalterno. Amar debería
significar en lo fundamental que tú buscas que el otro, a quien amas, sea feliz
y libre. No debes utilizar los sentimientos amorosos para debilitar al otro y
volverlo dependiente. Así que más conciencia y menos sentimiento; o que los
sentimientos estén siempre bajo el poder y dominio de la conciencia.
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