Hay ciertos intelectuales que creen que la humildad es aparentar menos de lo que en esencia se es. Pero la humildad en principio es la actitud que te permite no darle a tus capacidades y a lo que haces, que a lo mejor son óptimas, demasiada importancia. ¿Por qué? Porque aquello en lo que eres bueno y eficaz, se lo debes a las generaciones anteriores y a muchos otros que permanecen en el anonimato. Hay otro aspecto: tu ser social y tu ser biológico como totalidad no es solo lo que tú eres por ti mismo y gracias a ti mismo, sino en mayor grado lo que tú eres por medio de otros. De ahí que la humildad deba ser la virtud que de forma habitual debería regular tu vida.
Hay otros intelectuales
que afirman que lo de la humildad le suenan a cristianismo, como si una virtud
por ser cristiana fuera en sí misma mala. Si la religión no hace al hombre,
sino que el hombre hace la religión, entonces en la religión puedes encontrar
virtudes muy interesantes y muy benefactoras para la humanidad. Siempre he
sentido un gran respeto y admiración por los misioneros que socorren a los
desvalidos que pueblan el mundo. Y son personas muy humildes, a pesar de que
hacen mucho bien a la humanidad sin esperar grandes cosas a cambio. El sistema
de recompensas capitalistas, donde en la actualidad el ganador se lo lleva
todo, no funciona con ellos
La persona que es humilde
resulta muy accesible a los demás, no pone un muro entre él y el otro, ni habla
al otro subido a un pedestal, como si la verdad siempre estuviera de su parte.
No sucede así con el orgulloso y el soberbio, que se creen más que los demás, y
hablan como si los otros le debieran lo que son. La persona humilde atrae, el
orgulloso y el soberbio repelen. La persona humilde siempre se lleva algo del
otro, el soberbio y el orgulloso no se llevan nada. La persona humilde es
apreciada, respetada y amada por los otros. No sucede así con el orgulloso y el
soberbio. Generan rechazo e incluso odio.
Hay, por último, personas
que aparentando ser humildes, en el fondo son lo contrario: orgullosos y
soberbios. Este prototipo se da más en las ciudades pequeñas, donde la riqueza
cultural y el desarrollo social son más pobres. En este caso hablaremos de
humildad aparente. Y de esta clase de humildes aparentes hay que ponerse a buen
recaudo, pues la maldad circula de manera torrencial por sus venas mucho más
que en la persona que es orgullosa y soberbia de manera manifiesta.
Y como siempre: todo hay
que relativizarlo. Hay personas a quienes les vendría bien ser más humildes, y
lo contrario: hay personas a quienes les vendría bien ser más orgullosas. El
orgulloso cree que es más de lo que en realidad es, pero hay personas que
necesitan esa medicina. Es como la verdad y la mentira. De modo general la
verdad es mejor que la mentira, pero en ocasiones la mentira es más útil que la
verdad. De todos modos, en toda verdad hay trazos de mentira; y en toda mentira
hay trazos de verdad. Así que a liberarse y que cada cual elija el camino que
mejor le convenga.
Qué claridad conceptual, qué sencillez en la exposición! Cuánto relativismo moral necesario y liberador! Me ha encantado!
ResponderEliminar